El imperio contraataca: hartos de Kamala’s se inmolan con los Donald’s

Bluesky

Un depravado recupera el mando en el decadente imperio USA. Con dinero y otras causas variadas y contradictorias. Van del racismo a la inflación y del nacionalismo patriótico a los intereses globales del complejo financiero-militar-tecnológico. La crisis climática y la rapiña financiera. El monopolio privado de la inteligencia artificial generativa, la computación cuántica de grandes datos, la desinformación y el engaño. El incremento de la desigualdad y el desarraigo de clase obrera.

Susana Alonso

Se manipula la amalgama de descontentos, que tienen buena parte de razón. Señalan un culpable indefenso: los inmigrantes. Ponen chivos expiatorios indefinidos: las “elites”, los medios de comunicación, la oposición política. Y ofrecer soluciones sencillas al alcance de la mano, mano dura por supuesto.

El New Deal surgió en la década de 1930 para poner límites al capitalismo con un Estado fuerte, capaz de ir más allá de la codicia particular y gobernar el sistema en el interés general. Una sociedad libre y abundante para todos no podía dejarse al capricho del libre mercado. Se avanzó en tributación progresiva, regulación de la banca, organización de sindicatos y negociación colectiva. Se obtuvo un interesante estado de bienestar, el mejor en Europa.

Había un sistema oponente al capitalismo que articulaba un mensaje apasionante. Liberar a los pobres del mundo y poner el vasto sistema productivo del capitalismo al servicio del bien público. Sustituir el caos y el despilfarro de los mercados por una planificación inteligente y eliminar todas las manifestaciones de desigualdad. Construir una sociedad en la que nos pudiésemos emancipar de la necesidad y de la dominación. Que nadie fuese tan rico que pudiese comprar a otro, ni nadie tan pobre que tuviese que venderse para subsistir.

Con la recesión de los años 70 y la caída del muro de Berlín, en la década de los 80 se impuso el orden neoliberal. Las fuerzas del mercado se desembarazaron de los controles del Poder público. Se reprimió a las organizaciones obreras. El mercado se consagró como único sistema capaz de establecer conductas adecuadas: en la economía, el trabajo, el matrimonio, la reproducción humana y demás costumbres. El crecimiento y la innovación en interés particular sin cortapisas, se consideró el motor de la actividad. «Laissez faire et laissez passer, le monde va de lui même» del siglo XVIII.

Atribuyeron a la economía de mercado y sus instrumentos amplias oportunidades individuales, el éxito económico y la felicidad, la protección del hábitat natural y la conservación de la cultura occidental.

Si Reagan impulsó el neoliberalismo Clinton y los demócratas lo implantaron. Bajo la apariencia de generar capital, puestos de trabajo y nuevos productos, las empresas dominantes han conseguido primero el poder económico y después el poder político. Las tecnológicas Alphabet, Amazón, Apple, Meta, Microsoft, Nvidia y Tesla, tienen una capitalización bursátil superior el PIB de Alemania, Japón, India y Francia juntos. Donald Trump y Elon Musk son el paradigma de la subordinación pública a la privada.

Los derechos humanos se supeditan a los beneficios. Los mercados desregulados generan tales desequilibrios en la riqueza y el poder, que provocan el éxodo de los desposeídos de sus tierras de labor o de las empresas creadas por pequeños emprendedores, que les compran multinacionales para ampliar propiedades y eliminar competencia. Y se deslocalizan empresas dejando en la miseria a la ciudadanía.

El cambio climático provoca sequías, incendios, huracanes e inundaciones. Se cruza el umbral ecológico con una economía planetaria torpemente gestionada cuyos excesos conducen al colapso.

Ya somos tres clases de humanos. Los amos, el 1%, los grandes capitalistas. Los subordinados, gestores en el secreto de la economía, las finanzas y la tecnología, los gobernantes y altos mandos militares, los que manejan los instrumentos que utilizan conocimientos y datos que proporcionamos todos, que circulan por la red y que almacenan en repositorios digitales para respaldar el análisis, la inteligencia artificial y el aprendizaje automático. Los prescindibles: nosotros, el 95%, superfluos remplazables.

Como dijo Gramsci «entre lo viejo que muere y lo nuevo que nace aparecen los monstruos»: Trump, Orbán, Milei, Putin, Netanyahu, Musk…, pero todo orden político alberga en su seno tensiones, contradicciones y vulnerabilidades que son difíciles de sostener, se pueden combatir y vencer si hay voluntad, organización y dirección.

(Visited 204 times, 1 visits today)

HOY DESTACAMOS

1 comentario en «El imperio contraataca: hartos de Kamala’s se inmolan con los Donald’s»

  1. Buen y real artículo, para un reportaje. Es el 1% que controlan, utilizan y ensalza a unos populistas útiles para conseguir seguir engañando al 95% de la población cada 4 años mediante un voto. El peligro será mayor si a esa concentración de riquezas no les fuera útil el voto y la división de los que queremos mantener y desarrollar el estado del bienestar, están en trifulcas incomprensibles delante de los grandes retos de la humanidad y el planeta.

    Responder

Deja un comentario