La buena gente ha vuelto

Bluesky

Hay una canción que me gusta mucho de Jack Johnson que se titula «Buena gente» y donde el estribbillo se pregunta «¿Dónde ha ido toda la buena gente? He estado cambiando de canal y no la veo en los programas de televisión. ¿Dónde ha ido toda la buena gente?».

Este sábado vi a la buena gente en el paseo de Gracia de Barcelona. Se quedó pequeño para tanta gente como quería denunciar el comportamiento genocida del ejército israelí hacia los palestinos de Gaza. Yo estuve con ellos en Barcelona pero por televisión y las redes sociales la vimos en otras ciudades catalanas, españolas, italianas, francesas, inglesas y de muchos países del mundo.

Mi lista de gente mala es desgraciadamente larga. Os detallo varios: Benjamin Netanyahu, Donald Trump, JD Vance, Javier Milei, Jair Bolsonaro, Vladimir Putin, Sergei Lavrov, Marine Le Pen, Matteo Salvini, Nigel Farage, Miguel Tellado, Miguel Ángel Rodríguez, Isabel Díaz Ayuso, Santiago Abascal, Eduardo Inda, Pedro J. Ramírez, Juan Carlos Peinado, Federico Jiménez Losantos, Silvia Orriols,…

En Catalunya, además de los citados Orriols y Garriga también tengo algunos malos anotados en mi lista. Pero mi sensación es de que son malos de segunda categoría. Por ejemplo, los que difunden el grito de ‘puta España’ como si fuera algo inofensivo e ingenioso cuando es la semilla que ha hecho crecer la extrema derecha de Aliança Catalana junto a la de Vox.

Pero el sábado la gente buena volvió y salió a las calles de nuestras ciudades. Gente que es de muchas edades, etnias y lenguas. Muchos niños y niñas pequeños también. Pensé en las acusaciones de adoctrinamiento que se hace a los padres y madres que llevan a sus hijos a manifestaciones o actos políticos. Pero la del sábado era una manifestación a la que había que llevar a los niños. Tienen que ver que la inmensa mayoría de gente se estremece y protesta ante las imágenes de niños como ellos descuartizados, ensangrentados, hambrientos, muertos de hambre y por las bombas.

Durante un buen rato tuve delante de mí, mientras bajábamos por el paseo de Graa cia, una niña de seis o siete años que llevaba colgado en la espalda un cartel donde se leía: «Hay que estar en silencio cuando los niños duermen, no cuando los matan. Palestina libre».

La buena gente ha vuelto. Siempre ha estado allí. Y sólo se callará cuando todos los niños duerman tranquilos, sabiendo que al día siguiente cuando se levanten almorzarán y nadie les amenazará con bombardear sus casas y matarlos.

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