Luis Caldeiro, autor en El Trianglehttps://www.eltriangle.eu/es/author/autor-138/El Triangle és un Diari d'informació general, editat a Catalunya i escrit en llengua catalana, especialitzat en investigació periodísticaThu, 30 Oct 2025 09:00:31 +0000es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.8.3https://www.eltriangle.eu/wp-content/uploads/2020/11/cropped-favicom-1-32x32.pngLuis Caldeiro, autor en El Trianglehttps://www.eltriangle.eu/es/author/autor-138/3232La Flotilla, un símbolo a destruirhttps://www.eltriangle.eu/es/2025/10/30/la-flotilla-un-simbolo-a-destruir/https://www.eltriangle.eu/es/2025/10/30/la-flotilla-un-simbolo-a-destruir/#commentsThu, 30 Oct 2025 05:00:41 +0000https://www.eltriangle.eu/es/2025/10/30/la-flotilla-un-simbolo-a-destruir/Desde el principio quedó claro que la Flotilla que zarpó con intención de visibilizar y denunciar el genocidio de Gaza tendría que afrontar un enemigo exterior: Israel y su maquinaria represiva -militar, policial, administrativa-. Un estado que, en su infatigable esfuerzo por destruir la legalidad internacional, ha llegado a decretar unilateralmente que las 120 millas ... Leer más

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Desde el principio quedó claro que la Flotilla que zarpó con intención de visibilizar y denunciar el genocidio de Gaza tendría que afrontar un enemigo exterior: Israel y su maquinaria represiva -militar, policial, administrativa-. Un estado que, en su infatigable esfuerzo por destruir la legalidad internacional, ha llegado a decretar unilateralmente que las 120 millas náuticas adyacentes a sus costas son de su propiedad, calificándolas de “zona de exclusión”. Este área, para que se hagan una idea, es diez veces más de lo que la Ley concede a un estado como “aguas territoriales” (12 millas). Pero, ¿qué puede detener a un país que en pleno siglo XXI perpetra el exterminio de todo un pueblo o bombardea a placer a terceros países, como Qatar? Un grupo de barcos con unos cuantos civiles a bordo no iba a suponer un problema. En consecuencia, la Flotilla, que salió del puerto de Barcelona el 31 de agosto, fue abordada y secuestrada ilegalmente por Israel en aguas internacionales el 1 y 2 de octubre.

Susana Alonso

Lo curioso es que, paralelamente a este enemigo externo, surgió en retaguardia un enemigo interior. Me refiero a la furiosa campaña impulsada por ese universo llamado Fachosfera (que haber hayla, igual que existe una Sanchezfera), constituido por medios de comunicación,  políticos, tertulianos, intelectuales y hasta jueces. Todos ellos de signo derechista o ultraderechista. Aunque -todo hay que decirlo- este enemigo contó también con voces de otros perfiles políticos.

Ejemplo de esta campaña fue el artículo de Joaquín Luna en La Vanguardia titulado, sarcásticamente, “La gran flotilla invencible”. Publicado el 2 de septiembre, en él califica a los embarcados de “activistas de secano”. Y no contento con ello, afirma: “(…) aquí estamos nosotros para salvar a los gazatíes y llevarles media docena de botellas de agua mineral sin gas a condición de que las reciclen”. Aquí ya puede verse la caricaturización anti-progresista, abiertamente, sin complejos. Y remata: “Por supuesto, ninguno actúa para ganar cuota electoral o de pantalla ni para restregar la mano a nadie”. Esta última frase es importante porque resume a la perfección la principal acusación del enemigo interno: quienes se embarcaron lo hicieron exclusivamente por motivos espúreos. Todos eran arribistas u oportunistas, y su único fin, hacerse la foto. Y aunque la expedición estaba compuesta por 530 activistas de 44 países, la obsesión, el objeto de linchamiento, eran dos figuras: Ada Colau y Greta Thunberg.

Quienes me conocen saben que Ada Colau no es santo de mi devoción. Y como animal político indiscutible que es, la creo perfectamente capaz de embarcarse para conseguir un titular. En cuanto a Greta Thunberg, los ataques que recibe son, en su mayoría, una muestra de la más sórdida miseria humana, muchas veces a cuenta de su síndrome de Asperger. Y, desde luego, no es una oportunista. Más bien una idealista: una especie que hoy nadie, o casi nadie, parece concebir que pueda llegar a existir. Tal vez porque el idealismo nos acusa e interpela.

Pero una cosa es que haya una cuota de oportunistas -inevitable en cualquier grupo humano- y otra muy distinta es generalizarla a todo un colectivo, a fin de denigrar una acción simbólica que, como mínimo, demuestra valentía al denunciar un genocidio mediante el no muy recomendable método de desafiar a un estado como el israelí. Joaquín Luna se atreve a decir: “(…) los tripulantes correspondieron al fervor popular con lecciones de moral y dotes para las costellades”. Qué fácil es pontificar desde la lejanía. No, la realidad es justo la contraria: es precisamente Luna quien, desde la seguridad y la comodidad de su hogar, puede que incluso mientras devora una sabrosa costellada, se permite el lujo de calumniar a personas que, al margen de ideologías, fueron asaltadas por uno de los ejércitos más feroces de la Tierra, los brazos en alto y el pasaporte en la boca, para luego ser arrestadas ilegalmente y sometidas a maltratos y humillaciones. Francamente, conozco formas bastante menos peligrosas de hacerse una foto.

Pero no se engañen: todo esto -el enemigo interno, la campaña denigratoria- se enmarca en la oleada derechista que recorre el mundo y su lucha implacable por escribir el relato, con vistas a la conquista -palmo a palmo, país a país- del Poder. Y la causa humanitaria de Gaza mueve a tal empatía entre la población, que capitalizarla supone un formidable activo político. Por tanto, frente a la tibieza (cuando no a la connivencia) de las derechas con Israel, la flotilla constituía un símbolo, una amenaza al proyecto. Y había que destruirla.

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Gaza, infierno de fariseoshttps://www.eltriangle.eu/es/2025/10/01/gaza-infierno-de-fariseos/https://www.eltriangle.eu/es/2025/10/01/gaza-infierno-de-fariseos/#respondWed, 01 Oct 2025 04:00:15 +0000https://www.eltriangle.eu/es/2025/10/01/gaza-infierno-de-fariseos/Con el actual genocidio de Gaza, no sólo han muerto miles de niños, mujeres, ancianos, cooperantes internacionales, periodistas y médicos. Esta es sólo la muerte física, visible. La otra muerte provocada por la masacre, la que no viene rebozada en sangre y polvo, es intangible porque es moral, espiritual. Hablo de la muerte de la ... Leer más

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Con el actual genocidio de Gaza, no sólo han muerto miles de niños, mujeres, ancianos, cooperantes internacionales, periodistas y médicos. Esta es sólo la muerte física, visible. La otra muerte provocada por la masacre, la que no viene rebozada en sangre y polvo, es intangible porque es moral, espiritual. Hablo de la muerte de la decencia humana. De una mínima decencia humana. Y en este punto no puedo más que recordar las palabras de un buen amigo mío, que una vez me dijo que un matón, aún siendo un miserable, es un tipo al no se le puede pedir que actúe como una hermanita de la caridad. Un matón, al fin y al cabo, es lo que es, y actúa como tal. Pero cuidado con un fariseo, decía, porque es un espectador que, desde la tranquilidad que da la distancia y bajo una falsa apariencia de ecuanimidad, se permite maquillar, relativizar y hasta justificar abiertamente los abusos del primero. Y por tanto, es aún más execrable.

Susana Alonso

Cristo fue especialmente duro con este tipo de personajes, a quienes fustigó por su doble moral durante buena parte del Evangelio. No en vano, “fariseo” todavía hoy es sinónimo de “hipócrita” en nuestra lengua. El recuerdo de aquella casta religiosa, hegemónica en la sociedad judía de la época, resulta muy útil para comprender lo que sucede hoy. Porque su abyecta hipocresía ilumina muchas actitudes ante el  Genocidio de Gaza, proclamadas en voz alta y sin pudor alguno por políticos, periodistas, tertulianos y hasta organismos oficiales. Una de ellas es la perversión del lenguaje. La primera y más evidente es llamar “guerra” a lo que no es más que una campaña de exterminio pura y dura. Porque aquí no hay dos estados combatiendo con sus respectivos ejércitos en un plano de igualdad. Aquí lo que hay es un yunque, la población civil de Gaza, martilleado día y noche por una de las máquinas de guerra más hipertecnologizadas y fanatizadas del mundo, el Tsahal, es decir, el ejército de Israel. Un estado convertido en matón regional y protegido, por si fuera poco, por el matón global norteamericano.

El falso calificativo de “guerra” viene, obviamente, a enmascarar la verdad: que se está perpetrando un Genocidio en toda regla. Pero los sanedrines internacionales han tardado en reconocer este hecho, pese a estar siendo retransmitido en directo, día a día, por todas las televisiones del mundo. El pasado 2 de septiembre podía leerse en  La Vanguardia: “La mayor asociación académica mundial de expertos en genocidio aprobó una resolución que declara que se cumplen los criterios legales para establecer que Israel está cometiendo genocidio en Gaza”. Dos semanas después, el día 16, Euronews informaba de que la ONU hacía lo propio. Todo ello, como puede verse, dos años después del inicio de la brutal ofensiva israelí. Fascinante.

El fariseísmo en este tema se multiplica y alcanza un punto notable con la UE: enérgica y decidida ante Rusia, se muestra tibia, temblorosa, con Israel, al que apenas se limita a repetirle que “debe respetar la legalidad internacional”. Es decir, a un estado cuyo objetivo es precisamente dinamitar dicha legalidad día a día. Vamos, que el matón actúe como una hermanita de la caridad. Se ha de ser muy genuflexo o muy pusilánime para pretender algo así. O ambas cosas a la vez.

Pero el nivel farisaico aumenta hasta cotas difíciles de igualar con ciertos eventos deportivos. El gobierno regional de Madrid escenificó hace poco el muy bíblico gesto de rasgarse las vestiduras al hablar de kale borroka y de Sarajevo para referirse a los altercados que enturbiaron la final de la Vuelta Ciclista a España. Un verdadero insulto a la inteligencia que sólo se explica en alguien que no tiene ni pajolera idea de lo que fue la guerra de los Balcanes ni del País Vasco en sus años duros pero que, eso sí, tiene el cuajo suficiente para utilizarlos como arma política.

Cierro esta breve (pero sustanciosa) historia universal de la infamia, que diría Borges, con otra perla del fariseismo relacionada también con la Vuelta a España. La Unión Ciclista Internacional (UCI), que ya no sabe donde meterse para justificar la presencia en esta competición del equipo israelí, ampliamente repudiado durante todo el recorrido, fue expeditiva en cambio a la hora de expulsar en 2022 a Rusia y Bielorrusia de cualquier evento de su calendario internacional. Del mismo modo actuaron el Comité Olímpico Internacional (COI) y la Unión Europea de Radiodifusión (UER), que excluyó a los rusos de Eurovisión.

Al parecer, no todos los muertos son iguales. Lo dicho: ya no hay decencia. Pero sí muchos fariseos.

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Torre-Pacheco, Jumilla y el «malismo»https://www.eltriangle.eu/es/2025/08/21/torre-pacheco-jumilla-y-el-malismo/https://www.eltriangle.eu/es/2025/08/21/torre-pacheco-jumilla-y-el-malismo/#respondThu, 21 Aug 2025 04:00:01 +0000https://www.eltriangle.eu/es/2025/08/21/torre-pacheco-jumilla-y-el-malismo/Hace ya un siglo, el 30 de diciembre de 1924, se acabó de construir el metro de Barcelona. Aquella fue una obra ingente, durísima, realizada en condiciones infames. Así lo confirmaba Manuel Marina, guía oficial del suburbano barcelonés, en un artículo publicado en el diario murciano La Verdad titulado “Los emigrantes murcianos que excavaron el ... Leer más

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Hace ya un siglo, el 30 de diciembre de 1924, se acabó de construir el metro de Barcelona. Aquella fue una obra ingente, durísima, realizada en condiciones infames. Así lo confirmaba Manuel Marina, guía oficial del suburbano barcelonés, en un artículo publicado en el diario murciano La Verdad titulado “Los emigrantes murcianos que excavaron el metro de Barcelona”: El trabajo era a pico y pala. Las condiciones de trabajo eran muy precarias, sin medidas de seguridad y con mucha prisa. Aquellos trabajadores eran como topos. Ni siquiera se hicieron buenas catas para comprobar la estabilidad del terreno, lo cual provocó continuos desprendimientos”. En uno de los accidentes llegaron a morir once obreros. Aquella situación llevó a una huelga de seis meses, que finalmente ganaron los trabajadores.

Buena parte de esos obreros venían del sur de España, huyendo del hambre y de la miseria más negras. “Muchos de los operarios procedían de Almería y Murcia”, concreta Marina. Pero destacaba por su número el colectivo murciano, hasta el punto de que un estudio realizado por el historiador Joaquín Ruiz y la demógrafa Cristina López constata que casi uno de cada cuatro habitantes del barrio obrero de Collblanc-La Torrassa, en Hospitalet de Llobregat (con un censo de casi 22.000 personas en 1930), era originario de aquella región. De hecho, era conocido como La Murcia chica.

La realidad que se encontraron en Cataluña no fue precisamente un camino de rosas. Sus descendientes, nietos y bisnietos, hablan de que cobraban sueldos de miseria y vivían en lo que hoy llamaríamos pisos patera. Pero no solamente tuvieron que afrontar dificultades económicas o de vivienda: pese a estar en su propio país, también sufrieron xenofobia. El historiador Manuel Domínguez, del Centre d’Estudis de L’Hospitalet, afirma que “se los acusaba de esquiroles, que reventaban el movimiento obrero, que trabajaban por cuatro duros”. Y el historiador Chris Ealham, de la Universidad de Lancaster y autor del ensayo La lucha por Barcelona (Alianza, 2005), donde estudia la convulsa historia de la ciudad condal de los años veinte y treinta, afirma que, “al buscar culpables del fracaso social, ERC los encontró en los emigrantes, especialmente murcianos”. Y relata cómo, en la frontera de Barcelona con el citado barrio de Collblanc -de población mayoritariamente inmigrante- se llegó a colocar un cartel que decía: “¡Cataluña termina aquí! ¡Aquí comienza Murcia!”. Esta población inmigrada, asegura, fue “vilipendiada por las autoridades, los sectores nacionalistas y las asociaciones patronales a lo largo de toda la República”.

La vida tiene sus ironías. Quién hubiera dicho que, cien años después, sería en Murcia donde se señala a los inmigrantes. Como en la localidad de Torre-Pacheco, donde se organizó un pogromo contra ellos, alentados desde Internet por Vox (que en las últimas elecciones autonómicas alcanzó el 17,72 % de los votos, consiguiendo 9 diputados de 45) y otras formaciones ultraderechistas. O en la también murciana Jumilla, donde el Ayuntamiento ha prohibido a los musulmanes utilizar las instalaciones municipales para celebrar sus ritos dos veces al año. Eso sí: sin mencionar las palabras “Islam” o “musulmanes”, que hasta el racismo se ha vuelto pudoroso. Curiosamente, Gabriel Rufián, diputado del partido que en los años 30 vomitaba su xenofobia contra los murcianos (y que todavía sigue siendo, no nos engañemos, una formación hispanófoba) ha sido quien ha dicho en X, antiguo Twitter, la gran verdad inconfensable que subyace bajo todo ello: “No los quieren rezando en el polideportivo del pueblo pero sí a 50 grados trabajando en los invernaderos del campo”.

Sólo hay algo peor que el buenismo: el malismo. Malismo es olvidarnos de que muchos extranjeros no “roban” el empleo a los nacionales, sino que realizan los peores trabajos, los que éstos no quieren. Malismo es tomar la parte por el todo, como si la agresión a un anciano por parte de un extranjero en Torre-Pacheco (o un robo en Guadalajara, o una violación en Madrid) convirtiera a todos los inmigrantes en bestias a las que hay que dar caza. Malismo es atribuir nuestros males, no al verdadero causante -el poderoso- sino a aquel que es más pobre que nosotros. Malismo es dar pábulo a la leyenda negra de que los inmigrantes colapsan nuestros servicios públicos (a los que tienen derecho porque también pagan impuestos, aunque sean indirectos). O que les dan ayudas porque sí, por ser extranjeros, mientras las mezquinean a los españoles. Malismo es olvidar que hay muchos, muchísimos inmigrantes irregulares que trabajan duramente, sin garantías, sin derechos, sin seguridad social, sólo para poder conseguir algún día un contrato, y con él, la ansiada tarjeta de residente legal.

Malismo es, en fin, olvidar que esos “moros” a los que tantas veces miramos con odio o recelo también fuimos nosotros: no sólo porque nos mezclamos con ellos durante siete siglos, sino porque también, como ellos, fuimos pobres de solemnidad, obligados a emigrar a lugares inciertos como Alemania, Francia o Argentina. Y donde también sufrimos el mismo recelo, odio o condescendencia de algunos nativos.

¿Y quienes delincan? La respuesta es muy sencilla: la Ley. Una e igual para todos.

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España, susto o muertehttps://www.eltriangle.eu/es/2025/07/24/espana-susto-o-muerte/https://www.eltriangle.eu/es/2025/07/24/espana-susto-o-muerte/#respondThu, 24 Jul 2025 04:00:02 +0000https://www.eltriangle.eu/es/2025/07/24/espana-susto-o-muerte/Borges consideraba la teología como una rama de la literatura fantástica. Quién diría que la política española llegaría a ser, por méritos propios, uno de sus variantes más fértiles. Tras las últimas elecciones generales, en 2023, un exultante Carles Puigdemont, sabedor de que sus siete diputados serían claves para investir a Pedro Sánchez, dejó esta ... Leer más

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Borges consideraba la teología como una rama de la literatura fantástica. Quién diría que la política española llegaría a ser, por méritos propios, uno de sus variantes más fértiles. Tras las últimas elecciones generales, en 2023, un exultante Carles Puigdemont, sabedor de que sus siete diputados serían claves para investir a Pedro Sánchez, dejó esta frase para la historia, digna de su catadura moral: “vamos a hacerles orinar sangre”. Dos años más tarde, nadie podía sospechar que serían miembros del propio PSOE, y de la máxima confianza del presidente (¡nada menos que su núcleo duro: dos secretarios de Organización y un asesor todopoderoso!) quienes llevarían al paroxismo esta imagen, tan sórdida como desagradable.

Susana Alonso

Porque tras los primeros audios de Koldo García aparecerán más grabaciones, nuevos informes de la UCO, una instrucción judicial. Un auténtico calvario donde se seguirá filtrando más información, dosificada de manera letal, en un crescendo angustioso. De momento, Santos Cerdán ha entrado ya en prisión (provisional), abrasando así políticamente al presidente del gobierno, dados los estrechos lazos personales que mantenían y el inmenso poder que le otorgó Pedro Sánchez.

El PSOE está desnortado. Por un lado, no puede armar una estrategia inequívoca porque sencillamente no sabe qué nuevas ignominias traerá el día de mañana, cuál será el próximo giro de los acontecimientos. Pero por otro, el encarcelamiento de Cerdán exige a Pedro Sánchez actuar de manera inequívoca ya, y no de forma meramente quirúrgica, cosmética. O, como expresaba gráficamente el periodista José Enrique Monrosi: “Hay que darle al partido la vuelta como un calcetín”. Mientras tanto, un clima de ansiedad y sospecha se ha apoderado de la organización.

Luego está el inmenso daño que el caso está provocando, no sólo a los militantes y votantes socialistas, sino a la causa de la izquierda en general. Quienes se declaran progresistas, sean o no del PSOE, han (hemos) pasado del estupor inicial a una mezcla de cabreo y depresión. “Los responsables son traidores de clase, porque han defraudado a los sectores que prometieron defender, es decir, a los más vulnerables”, declara Monrosi. De celebrarse las elecciones hoy, no cabe duda de que ganaría el PP, con un notable ascenso de Vox. Esto es, un gobierno cavernario y antisocial que sería la consecuencia directa del descrédito provocado por este asunto.

Por si fuera poco,  el escándalo cae en pleno junio, mes fatídico en que la ciudadanía encara la recta final de la campaña de la declaración de Renta. Es decir, que mientras autónomos o empleados, funcionarios o eventuales, jubilados o activos, se ven obligados a retratarse ante el Estado y rascarse sus (magros) bolsillos, a la vez tienen que escuchar cómo algunos de sus políticos se reparten sobornos y prostitutas. El efecto sobre la psique colectiva, en forma de rabia y desafección, es devastador.

¿Y Pedro Sánchez? La derecha política y mediática está insinuando (cuando no afirmando ya) que es el capo de la trama, aunque no haya indicios de ello. En todo caso, un presidente de gobierno podrá desconocer lo que hace el último de sus concejales pero… ¿lo que hacen sus colaboradores más íntimos? ¿Y además dos veces? Porque no han sido uno, sino dos los secretarios de Organización  implicados. El factor reiterativo, con su continuidad en el tiempo, juegan contra él. Un patrón que se ha vuelto a repetir con Paco Salazar, miembro también de su núcleo duro y que iba a ser nombrado adjunto a la nueva secretaria de Organización… hasta que (nuevamente) J.E. Monrosi publicó una noticia desvelando un (presunto) comportamiento de acoso sexual de Salazar hacia sus subordinadas. La responsabilidad política  in vigilando, es decir, la negligencia en el control de los propios subordinados, parece, por tanto, evidente. Dicho esto, la clave estará en dilucidar si tal negligencia fue motivada por mero desconocimiento (malo) o por una suerte de laissez-faire, laissez passer (peor).

En definitiva, España se encuentra hoy atrapada por una pinza endiablada: por un lado, si no hay moción de censura, ni cuestión de confianza, ni tampoco nuevas elecciones, sólo quedará un gobierno agonizante, que irá implosionando en diferido. Pero por otro, la alternativa resulta espeluznante: un ejecutivo conservador con un partido ultraderechista al alza, marcándole el paso. Un partido -Vox- que igual que pide la ilegalización del PNV, justifica el franquismo o niega el cambio climático y la violencia de género.

España, susto o muerte.

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El Ventorro y el Triángulo de las Bermudashttps://www.eltriangle.eu/es/2025/06/12/el-ventorro-y-el-triangulo-de-las-bermudas/https://www.eltriangle.eu/es/2025/06/12/el-ventorro-y-el-triangulo-de-las-bermudas/#respondThu, 12 Jun 2025 04:00:42 +0000https://www.eltriangle.eu/es/2025/06/12/el-ventorro-y-el-triangulo-de-las-bermudas/El 29 de octubre de 2024, el cielo descargó sobre Valencia la lluvia de todo un año en sólo ocho horas, causando la devastación de varios pueblos y la muerte de 225 personas. Mientras los valencianos morían ahogados o perdían todas sus pertenencias, su presidente, Carlos Mazón, almorzaba plácidamente en un restaurante del centro de ... Leer más

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El 29 de octubre de 2024, el cielo descargó sobre Valencia la lluvia de todo un año en sólo ocho horas, causando la devastación de varios pueblos y la muerte de 225 personas. Mientras los valencianos morían ahogados o perdían todas sus pertenencias, su presidente, Carlos Mazón, almorzaba plácidamente en un restaurante del centro de la capital valenciana llamado El Ventorro. En el digital Directo al Paladar, el periodista Jaime de las Heras describe el local en estos términos: “El Ventorro, autodenominado casa de comidas, es un restaurante tradicional con varias décadas de vida y que desde hace años es lo que se podría considerar una mesa del poder (en negrita en el original). Raro es el político, empresario o profesional que no haya pasado alguna vez por alguna de ellas, distribuidas en tres plantas, o por alguno de sus reservados”.

Susana Alonso

Aparte de la irresponsabilidad absoluta que demuestra este comportamiento, por no hablar de lo que la psicología calificaría sin duda como un grado alarmante de psicopatía (falta de empatía), hay un misterio insondable: ¿Cómo es posible que no se haya podido averiguar a ciencia cierta cuánto tiempo permaneció allí Mazón, ni por qué, cuando más se le necesitaba, se desentendió de la muerte y la destrucción que en aquel instante reinaban a pocos kilómetros de su plato? En un local tan céntrico, tanto, que está a sólo unos pasos de la Bolsa de Valencia… ¿nadie vio nada? ¿Y ni un triste cliente, camarero, jefe de sala o gerente de restaurante pueden contarnos algo?

Pero además hay un detalle trascendental: no almorzó solo. Lo hizo con una popular periodista valenciana llamada Maribel Vilaplana. La testigo más directa de lo que ocurrió, aquella que podría dilucidar el misterio, ni está, ni se le espera. En un país donde el intrépido periodismo nacional es capaz de difundir las conversaciones de WhatsApp más sórdidas, donde un hijo de buena familia como Pedro Sánchez se permite llamar “pájara” a su ministra de Defensa… ¿Ningún periodista, ni siquiera del  medio más crítico con la derecha, ha podido localizarla y entrevistarla, para sonsacarle algún detalle? ¿Por qué parece haberse vaporizado? ¿Su silencio es voluntario o del tipo “no quiero despertarme por la mañana con una cabeza de caballo en la cama”?

Solo se me ocurren dos posibles explicaciones. Una, la hipótesis siciliana. Una omertà, una ley del silencio tan potente que directamente disuada de cualquier intento de desvelar aquello que no debe ser revelado bajo ningún concepto. Pero como esta teoría es inconcebible, pues supondría admitir que, más que en un “Estado de derecho”, vivimos en una realidad mafiosa, sometida a un poder oscuro y fáctico, sólo nos queda la parapsicología. El Ventorro, local de nombre plebeyo donde los poderosos de Valencia cierran sus tratos, habría actuado como el Triángulo de las Bermudas, infausto lugar donde desde hace décadas desaparecen barcos enteros y hasta escuadrillas de aviones, sin dejar rastro.

Para esta pseudociencia, dicha zona constituye una anomalía, un pasillo en el Espacio-Tiempo, que comunica nuestra realidad con otras realidades paralelas. Así, aquel 29 de octubre, lo que podríamos ya calificar sin complejos como Triángulo Ventorrero, habría abducido a Carlos Mazón, quien habría accedido así, siquiera por unas horas, a una dimensión desconocida.

Nunca sabremos qué ocurrió en este no-lugar. Pero tal vez en ese universo paralelo él se comportó como un ser dotado de ética, como un político que hace honor a su cargo, permaneciendo desde el primer momento al pie del cañón y demostrando responsabilidad, eficacia y empatía. Quizás hasta su consejera Salomé Pradas se reveló como una experta conocedora del sistema de alarma ES-Alert. Y donde, por supuesto, fueron todos los demás, sin excepción, los que fallaron. Debe de ser así, porque tras regresar del más allá, no para de repetir esta versión.

Sin embargo, nunca sabremos lo qué pasó. Como tampoco sabremos por qué el presidente Sánchez, tras su desgraciada visita a Paiporta -donde estuvo a punto de ser apaleado- no ha vuelto nunca a Valencia, en contraste con los viajes (algunos medios aseguran que 10, otros que 11 o 13) que realizó a la Palma para interesarse por las víctimas del volcán. Igual que seguiremos sin saber el origen real del Covid, pese a que ya han pasado cinco largos años desde su aparición. O las verdaderas causas del mayor apagón eléctrico sufrido nunca en España.

No lo sabremos. Lo que me hace pensar en nuestra triste condición de figurantes.

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¿Otro constitucionalismo es posible?https://www.eltriangle.eu/es/2025/05/01/otro-constitucionalismo-es-posible/https://www.eltriangle.eu/es/2025/05/01/otro-constitucionalismo-es-posible/#respondThu, 01 May 2025 04:00:56 +0000https://www.eltriangle.eu/es/2025/05/01/otro-constitucionalismo-es-posible/La manifestación del 8 de octubre de 2017 en Barcelona, aquella que se organizó en repulsa del simulacro de referéndum de autodeterminación celebrado siete días antes, fue vibrante y multitudinaria: por fin, la mitad de Cataluña que había sido invisibilizada y menospreciada por el “procés”; la que vive y se expresa en castellano; la que ... Leer más

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La manifestación del 8 de octubre de 2017 en Barcelona, aquella que se organizó en repulsa del simulacro de referéndum de autodeterminación celebrado siete días antes, fue vibrante y multitudinaria: por fin, la mitad de Cataluña que había sido invisibilizada y menospreciada por el “procés”; la que vive y se expresa en castellano; la que no mira por encima del hombro a quien vive más allá del Ebro y se siente española y catalana a la vez, salía del armario identitario. Y tomaba la calle para gritar que existía y que no iba a permitir que se la pisase más. Quienes fuimos testigos de aquello, no sólo asistimos a un acto histórico, sino también al nacimiento de una esperanza: la articulación de un gran movimiento cívico y transversal, donde cupiesen ciudadanos y entidades de todas las ideologías y que sirviera de dique de contención frente a un nacionalismo que sólo entiende la lógica del Amo y el Siervo.

Susana Alonso

Tanto fue así, que un hombre de izquierdas, Carlos Jiménez Villarejo, que en su día militó en el PSUC y que se enfrentó, por razón de su cargo (Fiscal Anticorrupción), a los manejos y corruptelas del gran patriarca del nacionalismo, Jordi Pujol, leyó, junto al entonces vicepresidente de Sociedad Civil Catalana (SCC), Àlex Ramos, el manifiesto del acto. Y hasta intervino un socialista catalán (Josep Borrell), quien comenzó su discurso mostrando una bandera de Europa, de la que dijo que era la “única estelada” que quería para su tierra.

El próximo 8 de octubre se cumplirán ocho años de aquel acontecimiento. Sin embargo, ya nadie lo recuerda, convertido en flor de un día y sepultado bajo toneladas de olvido. Pero lo peor no ha sido eso. Lo peor ha sido asistir a la paulatina degradación de aquel espacio transversal que dio en llamarse “constitucionalismo”. Un término que pretendía expresar respeto a la Ley, por contraposición al menosprecio que le había mostrado el independentismo, pero que hoy escribo, con toda intención, entrecomillado.

Que no se entienda que entre sus militantes no hay todavía gentes honesta y de valía. Sólo que aquel gran espacio transversal, cívico, ilusionante, hoy no es más que un microcosmos conservador -y en ocasiones reaccionario-; una marca blanca de la derecha y la ultraderecha. Y donde incluso se llega a combatir al nacionalismo desde el propio nacionalismo. El progresismo es residual: apenas un par de partidos (Izquierda Española y AIREs-La Izquierda) y de entidades (ASEC-ASIC y Alternativa Ciudadana Progresista). Panorama desolador cuyo responsable, en gran parte, es la propia izquierda, por haber dejado desamparada y en el más absoluto abandono a la mitad no nacionalista de la población catalana.

Para empezar, quien se autoproclama “constitucionalista”, es decir, quien se erige en defensor  y garante de la Carta Magna, ha de defenderla en toda su integridad, enteramente. Al menos, si quiere ser coherente. No es el caso de la mayor parte de este movimiento, centrado exclusivamente en el tema de la lengua (castellana) y en la unidad de la nación española. No esperen, por tanto, verles mover un dedo para reivindicar los derechos sociales recogidos en la misma Constitución que dicen defender. Hace poco tuvimos una muestra: El 23 de noviembre de 2024, una enorme manifestación recorrió las calles de Barcelona para denunciar los abusos en el precio del alquiler. Pues bien, ni una sola entidad “constitucionalista” se adhirió al acto. En relación a este tema, la única excepción que conozco es la Alianza Republicana de la Izquierda de España (AIREs-La Izquierda), que participó en la última manifestación por el derecho a la Vivienda celebrada en la ciudad condal el pasado 5 de abril.

Pero a la Constitución no sólo hay que defenderla entera: también hay que respetar su espíritu. Es intolerable que el “constitucionalismo” haya aceptado como aliado a un partido que se dice defensor de la Carta Magna, pero que en realidad violenta sus principios básicos. Me refiero a Vox, una formación que exhibe un nacionalismo tan virulento como el que pretende combatir. Y que frente a la hispanofobia nacionalista, alienta la xenofobia hacia el extranjero (pobre e inmigrante, claro). Que justifica el franquismo y que falta al respeto a las víctimas de la violencia de género. Su entrismo en el “constitucionalismo” es más que evidente, y éste parece haberlo aceptado con naturalidad, lo cual constituye un verdadero escándalo.

Ante este escenario, la pregunta obligada es: ¿Otro constitucionalismo (sin comillas) es posible?

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Gaza, el insulto finalhttps://www.eltriangle.eu/es/2025/02/27/gaza-el-insulto-final/https://www.eltriangle.eu/es/2025/02/27/gaza-el-insulto-final/#respondThu, 27 Feb 2025 05:00:52 +0000https://www.eltriangle.eu/es/2025/02/27/gaza-el-insulto-final/Quienes crean que el sufrimiento que se puede inflingir a una víctima se limita a la persecución, la humillación, la tortura o, finalmente, el asesinato, están equivocados. Porque la crueldad hacia otro ser humano puede -incluso- ir más allá de la muerte. A una víctima se la puede, literalmente, re-matar. No tal vez físicamente, pero ... Leer más

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Quienes crean que el sufrimiento que se puede inflingir a una víctima se limita a la persecución, la humillación, la tortura o, finalmente, el asesinato, están equivocados. Porque la crueldad hacia otro ser humano puede -incluso- ir más allá de la muerte. A una víctima se la puede, literalmente, re-matar. No tal vez físicamente, pero sí moralmente. Que se lo digan, si no, a las víctimas de ETA, cuya memoria es pisoteada cada vez que un terrorista excarcelado es recibido como un héroe en su localidad, en esas macabras ceremonias organizadas por el mundo abertzale y bautizadas con el nombre de “Ongi Etorri”.

Susana Alonso

Que la historia de la Humanidad no es una línea unidireccional, siempre hacia arriba y hacia adelante, como si fuera un perpetuo progreso, es algo que descubrimos cuando en uno de los países más cultos de Europa surgió una abominación llamada Auschwitz, de la mano de un demente como Adolf Hitler. Este campo de exterminio es hoy un lugar preservado para el recuerdo imperecedero de las víctimas; un espacio de recogimiento, contricción e incluso -si uno es creyente- de oración. Sus sórdidas y herrumbradas instalaciones nos gritan a la conciencia que aquello no puede volver a repetirse.

Que la lección de Auschwitz podía caer en el olvido, también lo supimos cuando, tan sólo medio siglo después, reapareció la limpieza étnica en la antigua Yugoslavia. Pero desde entonces, algunos habíamos albergado la esperanza de que tales atrocidades no se reprodujesen. Fuimos ingenuos: otro demente –Benjamin Netanyahu– lleva asesinados ya a 47.000 palestinos, muchos de ellos mujeres y niños. Un auténtico genocidio transmitido en tiempo real por la Prensa de todo el mundo, perpetrado con total impunidad por un ejército profesional contra una población civil inerme. Y cuyo propósito indisimulado es permitir que el estado de Israel conquiste –utilizando, paradójicamente, la terminología de su verdugo nazi- su propio lebensraum. Ese “espacio vital” que haría posible al fin el sueño húmedo de todo sionista: el Gran Israel (Eretz Israel). Un país que incluiría, aparte de Gaza, la actual Cisjordania, los Altos del Golán y quién sabe si parte del sur del Líbano. Y donde cualquier vestigio de sus pobladores originales y su cultura no fuera más que un recuerdo.

La vida, si algo nos enseña, es que no hay dos sin tres. Ahora tenemos a otro demente, Donald Trump, ocupando la presidencia de la Casa Blanca, el mismo que alentó el asalto al Parlamento de su propio país. Este nuevo presidente, dotado de un poder inmenso, acaba de “enriquecer” esta breve Historia Universal de la Infamia, que diría Borges, con su propio “toque” personal: ¿Por qué no hacer del escenario de un genocidio un resort de lujo?  Total: el clima de Gaza es benigno, solar, con maravillosas playas mediterráneas. Y las labores de demolición ya han sido ejecutadas por los bombardeos continuos del Ejército Israelí. Sólo falta desescombrar, limpiar y construir. ¿Y la gente? “Tenemos un problema con la población gazatí” –declaró Trump- “pero bueno, creo que muchos están muertos”.

En este nuevo Brave new world, turistas de alto poder adquisitivo podrán beber su cóctel al borde de la piscina, o bailar hasta desfallecer en la discoteca del hotel, todo ello sobre un subsuelo plagado de cadáveres. Bellas jovencitas y maduros interesantes exhibirán sus cuerpos morenos, mientras los habitantes originales de la Franja se hacinan en los países vecinos, chapoteando en su miseria. Sólo les quedará observar su antigua tierra desde la lejanía, al otro lado de la frontera, porque no regresarán jamás. A no ser que lo hagan como peones para la construcción de este delirio.

Lo que separa al Auschwitz consagrado a la memoria de las víctimas de la “Gaza d’Or” que pretende Donald Trump es lo mismo que separa a la Civilización de la Barbarie. El proyecto, de llegar a realizarse, no sólo supondría la deportación criminal de dos millones de refugiados, sino re-matar, día tras día, año tras año, a quienes fueron asesinados en esta mal llamada “guerra”, que en realidad es una campaña de exterminio pura y dura. El insulto final a las víctimas.

¿Estamos ante una boutade perpetrada por el típico bocazas que se sabe fuerte o hay visos de que llegue a realizarse? Sólo el tiempo lo dirá. Pero el solo hecho de haberla verbalizado constituye ya un grave síntoma de los tiempos que vivimos. Es la hora de los contrapesos al nuevo César, y la respuesta sólo podrá venir de aquellos líderes políticos dispuestos a resistirle (si es que queda alguno); de los jueces estadounidenses y de una sociedad civil organizada que plante cara.

Recuerden: Civilización o Barbarie.

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Arcadi Espada, Antonio Muñoz Molina y el caso Luigi Mangionehttps://www.eltriangle.eu/es/2025/01/09/arcadi-espada-antonio-munoz-molina-y-el-caso-luigi-mangione/https://www.eltriangle.eu/es/2025/01/09/arcadi-espada-antonio-munoz-molina-y-el-caso-luigi-mangione/#respondThu, 09 Jan 2025 05:00:08 +0000https://www.eltriangle.eu/es/2025/01/09/arcadi-espada-antonio-munoz-molina-y-el-caso-luigi-mangione/“Sinceramente, no entiendo por qué lo ha hecho si lo tenía todo”, decía de Luigi Mangione uno de sus compañeros de escuela. Mangione, un atractivo joven de 26 años, ingeniero informático y de familia adinerada, se había educado en colegios exclusivos. Pero este joven “que lo tenía todo” asesinó el pasado 4 de diciembre a ... Leer más

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“Sinceramente, no entiendo por qué lo ha hecho si lo tenía todo”, decía de Luigi Mangione uno de sus compañeros de escuela. Mangione, un atractivo joven de 26 años, ingeniero informático y de familia adinerada, se había educado en colegios exclusivos. Pero este joven “que lo tenía todo” asesinó el pasado 4 de diciembre a Brian Thompson, director ejecutivo de UnitedHealthcare, la mayor compañía aseguradora médica del mundo por octavo año consecutivo, según la clasificación de A.M Best, que determina cuáles son las primeras veinticinco empresas del sector a nivel mundial.

Susana Alonso

Su acto no fue el producto de un arrebato ni la acción de un lunático: fue un hecho premeditado e ideológico. Y la prueba definitiva está en las tres balas con que lo mató: las tres llevaban grabadas las palabras “Deny, Defend, Depose”, que en español significan “Denegar, Defender, Deponer”, es decir, la política empresarial que ha llevado a esta compañía a ocupar el primer puesto en el ránking norteamericano y mundial. Una política que el escritor Antonio Muñoz Molina, en su artículo “Una tragedia americana”, publicado el pasado 14 de diciembre en El País, describía de esta manera: “denegar o retrasar indefinidamente compensaciones legítimas o servicios sanitarios de vida o muerte”, ejecutada por “legiones de abogados especialistas”.

El artículo no se detenía ahí y atribuía a estas prácticas inhumanas los buenos resultados de la compañía: “En 2023,  UnitedHealthcare tuvo unos ingresos de  281.000 millones de dólares, extraídos principalmente del sufrimiento y la angustia de 50 millones de personas”. Y nos ofrecía ejemplos aterradores de ese “sufrimiento”, perpetrados por las compañías médicas aseguradoras de Estados Unidos, un país donde la Seguridad Social Universal no existe. Por razones de espacio, reproduzco sólo uno: “En Nueva York, en los barrios más pobres, se ven con frecuencia personas con un pie amputado: padecen diabetes B, la causada por una alimentación insalubre, y si les hubieran curado a tiempo las llagas que por culpa de esa enfermedad se forman en la planta del pie, habrían podido conservarlo. Pero una cura preventiva deja mucho menos margen de beneficio a la aseguradora que una amputación”.

En ningún momento el autor se pronunciaba sobre el asesinato en sí, sobre la moralidad o no del acto. Se podrá especular, efectivamente, si el artículo constituye una suerte de justificación, pero lo cierto es que, en sentido estricto, nada se decía sobre el asunto. La espinosa vertiente moral quedaba, por tanto, al libre albedrío del lector. Lo que sí denunciaba nítidamente era un determinado modelo de sanidad, el privado, y sus abusos: “No quiero que  en mi país haya gente que sufra y muera para que se enriquezcan más los que ya lo tienen todo”.

Algo debió de escocer el texto porque sólo un día después, el 15 de diciembre, el periodista Arcadi Espada cargaba contra él en otro artículo, publicado en El Mundo, bajo el contundente título de “Su estimable condición de ratas”. Calificaba el escrito de Muñoz Molina de “inmoral alegato” y denunciaba un supuesto tratamiento sectario de la Prensa dependiendo del tipo de víctima: cuando el muerto es un niño asesinado por su “madre racializada”, los medios no se hacen eco de la “jauría” (sic) que desde las Redes clama venganza. Pero cuando se trata de un “capitalista criminal” (sic) como el empresario catalán José María Bultó (asesinado en 1977 por una bomba adosada a su pecho por unos terroristas) o de Brian Thompson, “las barreras se abren”.

Hasta aquí la controversia. Por mi parte, me intriga saber por qué Espada califica el artículo de Muñoz Molina de “inmoral alegato”. ¿Qué pretendía? ¿Únicamente condenar a Mangione sin contextualizar su acción, algo que la ideología que profesa (la derecha) perpetra continuamente con Palestina, con Gaza? ¿Y por qué en su texto parece que sólo son “asesinatos” los del director ejecutivo de UnitedHealthcare, el niño de la madre “racializada” o el empresario Bultó y no, por el contrario, los miles y miles de pacientes muertos por causa de un sistema sanitario execrable (sistema que, por cierto, promueve la derecha en que milita) y a los que no dedica ni una sola mención? ¿Será que por ser un modelo de sanidad “legal” tales muertes ya no son “asesinatos” y el modelo mismo, así como la legalidad que lo ampara, ya no son “asesinos”?

Al final va a resultar que la doble moral no sólo es cosa de progresistas.

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DANA: del ‘chapapote’ al barrohttps://www.eltriangle.eu/es/2024/11/27/dana-del-chapapote-al-barro/https://www.eltriangle.eu/es/2024/11/27/dana-del-chapapote-al-barro/#commentsWed, 27 Nov 2024 05:00:12 +0000https://www.eltriangle.eu/es/2024/11/27/dana-del-chapapote-al-barro/Galicia es tierra de naufragios. Tanto, que una parte de su litoral lleva el inequívoco nombre de Costa da Morte («Costa de la Muerte»). En 2002, un petrolero llamado Prestige se partió en dos precisamente frente a esta costa, liberando una carga letal: 77.000 toneladas de fuel. De aquella época recuerdo nítidamente la desastrosa gestión ... Leer más

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Galicia es tierra de naufragios. Tanto, que una parte de su litoral lleva el inequívoco nombre de Costa da Morte («Costa de la Muerte»). En 2002, un petrolero llamado Prestige se partió en dos precisamente frente a esta costa, liberando una carga letal: 77.000 toneladas de fuel. De aquella época recuerdo nítidamente la desastrosa gestión de los políticos, cuyas decisiones contribuyeron decisivamente a la magnitud del desastre. Políticos que despreciaron la opinión de los expertos (pescadores, marinos, capitanes de barco), cuyo saber sobre siniestros marítimos, vientos y corrientes hubiera sido clave para paliar (y quién sabe si evitar) lo que luego pasó.

También recuerdo el profundo abandono por parte del Estado que sufrieron los gallegos en los primeros tiempos; abandono que tuvo que ser suplido, a la fuerza, por la cooperación mutua y el apoyo de voluntarios venidos de toda España.

Susana Alonso

Ya entonces «sólo el pueblo salvaba al pueblo», lema hoy denostado por algunos como señal de «antipolítica», pero que es una evidencia palmaria, incontestable, al menos mientras ciertos políticos indecentes sigan haciendo abandono de sus deberes. ¿O es que la gente debería permanecer impasible mientras espera una ayuda que no llega? Hoy, en Valencia, como en Galicia hace veinte años, el calificativo de «servidores públicos», aplicado a ciertos personajes, suena a sarcasmo sangriento.

También recuerdo imágenes: una marea blanca de voluntarios encorvados sobre las negras playas, manchados hasta las cejas, tratando de arrancar el denso y fastidioso chapapote. Pero sobre todo recuerdo la foto de un vecino de un pueblo de costa: nunca olvidaré su rostro desesperado, desencajado por la ira, abroncando a un político por su ineptitud. Era la misma rabia y desesperación de aquella vecina de Paiporta que, cuando los reyes visitaron su localidad, escupió en la cara de Letizia las siguientes palabras: «A ti no te falta agua. Ni a ti ni a tus hijas. ¡Que nos estamos muriendo, coño!».

Hay pueblos que aprenden de sus errores. Japón y Holanda han tenido que luchar durante siglos contra las catástrofes naturales. De hecho, han tenido que construir su misma existencia precisamente contra estas catástrofes. Nosotros, imbuidos de una soberbia inexplicable, nos reímos de sus turistas con sandalias y calcetines, de su frikismo, de su ingenuidad. Pero ellos han construido diques potentísimos que impiden que millones de personas se ahoguen bajo el mar del Norte o edificios que resisten los peores sismos. Infraestructuras tras las que se intuyen verdaderos estadistas, políticos de altura que poseen cualidades como previsión, organización, sentido de Estado. O, simplemente, sentido común. Y quien no está a la altura, dimite. O lo dimiten.

No es nuestro caso. En una viñeta del gran dibujante que fue Mingote, se pueden ver dos personajes -previsiblemente políticos- contemplando desde una posición elevada un paisaje completamente inundado, sobre el que flotan animales muertos, casas y utensilios. Y uno le dice al otro: «Estas catástrofes solo pasan cada veinte años, así que hasta de aquí a veinte años no tenemos que pensar en lo que se podría hacer para prevenirlas». La viñeta es de 1982.

El pasado 29 de octubre, día en que cayó la DANA, todos estos recuerdos volvieron de repente, en una especie de dejà vu terrorífico: salvando las distancias, volví a ver a los mismos vecinos desesperados tratando de retirar ese otro chapapote que es el barro, ante unas autoridades igual de desaparecidas. La misma falta endémica de organización y coordinación. Idéntica incapacidad para aprender del pasado (¿cuántas gotas frías ha sufrido Valencia en su historia? ¿Por qué, entonces, no se emprendieron obras para evitar futuras amenazas? ¿Por qué no se corrigió el urbanismo irresponsable, que permitió edificar en zonas inundables? ¿No deberían haber sido probados y perfeccionados -hasta la extenuación- protocolos y sistemas de alerta y reacción?). Sin olvidar el desprecio hacia los expertos, que advertían que el cambio climático tenía el Mediterráneo como uno de sus epicentros.

Y, por supuesto, la misma desesperación y la misma ira contra una «alta política» inepta, sectaria y ególatra -encabezada por Carlos Mazón, el gran inmoral, el gran irresponsable-, incapaz de actuar con eficacia y rapidez de reflejos. Estos días, en Valencia, como ya sucedió en Galicia hace veinte años, el Estado entró en quiebra.

La pregunta hoy, como entonces, sigue siendo la misma: ¿Quousque tandem?

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PP, Vox y Junts, una mayoría de clasehttps://www.eltriangle.eu/es/2024/10/09/pp-vox-y-junts-una-mayoria-de-clase/https://www.eltriangle.eu/es/2024/10/09/pp-vox-y-junts-una-mayoria-de-clase/#respondWed, 09 Oct 2024 04:00:20 +0000https://www.eltriangle.eu/es/2024/10/09/pp-vox-y-junts-una-mayoria-de-clase/Quien esto escribe publicó el pasado mes de junio una entrevista a la portavoz del Sindicat de Llogateres de Catalunya, Carme Arcarazo, en La Veu del Carrer, la revista de la Federación de Asociaciones de Vecinos y Vecinas de Barcelona (FAVB). Aquella charla fue sumamente pedagógica, pues desentrañaba el complejo problema del alquiler de Vivienda ... Leer más

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Quien esto escribe publicó el pasado mes de junio una entrevista a la portavoz del Sindicat de Llogateres de Catalunya, Carme Arcarazo, en La Veu del Carrer, la revista de la Federación de Asociaciones de Vecinos y Vecinas de Barcelona (FAVB). Aquella charla fue sumamente pedagógica, pues desentrañaba el complejo problema del alquiler de Vivienda en España. Explicaba Arcarazo, por ejemplo, que actualmente existe una ley diseñada para frenar el aumento abusivo de los precios de los alquileres, mediante un cierto control de éstos; que la norma es de ámbito nacional y que rige en las áreas previamente calificadas como “tensionadas” en el aspecto inmobiliario. Pero que sin embargo su aplicación era potestad de las comunidades autónomas. Lo llamativo es que hasta el momento sólo Cataluña  había aceptado aplicarla (curiosamente bajo un gobierno independentista, el de ERC). Frente a esta soledad, el resto de territorios (incluyendo el inmenso poder autonómico del PP) le seguían dando la espalda.

Susana Alonso

No voy a explicar aquí las características de una regulación que requeriría de otro artículo para ser conocida convenientemente. Pero sí me interesa detenerme en un punto en el que la portavoz sindical ponía especial énfasis: el Alquiler de Temporada. “Se trata” -afirmaba- “de un acuerdo libre entre dos partes y, en consecuencia, éstas pueden pactar libremente” su duración. Por consiguiente, ésta es totalmente variable, arbitraria (“no hay límites: igual pueden ser cuarenta días que tres años, a voluntad”). Además es un contrato “completamente desregulado, no hay protección de ningún tipo para el inquilino”. Y lo más importante: “no entra en la regulación de precios que impone la Ley de Vivienda”. Teniendo en cuenta que este arrendamiento proporciona pingües beneficios, siendo mucho más lucrativo que el alquiler habitual y que el propietario puede decidir libremente pasarse a esta modalidad, se entiende que Arcarazo defina el Alquiler de Temporada como la auténtica grieta de la Ley de Vivienda, pues constituye una vía de escape perfecta para quien desee esquivar el control de precios que impone ésta. Una grieta de la que responsabiliza, por cierto, a los socialistas: “El PSOE lo hizo conscientemente: Dijo ‘dejaremos un agujero en la legislación para que no funcione’ ”.

Y así llegamos al 17 de septiembre. Se vota, impulsada por Sumar, la admisión a trámite de la Proposición de Ley “relativa a la Regulación de los Contratos de Alquiler de Vivienda por Temporada y Alquiler de Habitaciones”. Es decir, un intento de acabar con la grieta, sometiendo esta modalidad de arrendamiento a regulación. Nótese que sólo se trataba, como he dicho, de admitir la norma a trámite, es decir, de solicitar el visto bueno de la Cámara para debatirla, ni siquiera para aprobarla.

Entonces se produjo en el Congreso uno de los milagros políticos más prodigiosos  que han tenido lugar en la España democrática. “Prófugos y Golpistas” (en terminología del PP y Vox), “Exiliados y Luchadores por la Libertad de Cataluña” (en terminología de Junts), unieron sus fuerzas contra un enemigo común. Quienes día sí, día también, se han estado odiando e insultando durante los últimos años acusándose mutuamente, bien de querer romper España o de destruir la igualdad entre territorios y ciudadanos; bien de oprimir a Cataluña, su lengua o su “derecho a decidir”, se fundieron en una solo abrazo, materializado en los resultados de la votación: 178 votos en contra, emitidos por PP, Vox, Junts y Unión del Pueblo Navarro (UPN).

¿Qué había ocurrido? ¿Qué pudo obrar semejante milagro? El periodista y escritor Antonio Maestre lo explicó a la perfección en el programa La Sexta Xplica: “Junts ha votado para proteger a los rentistas, porque muchos de sus diputados son rentistas. Por ejemplo, su diputada Pilar Calvo, que tiene una sociedad que se dedica al alquiler de viviendas. Obviamente, ¿cómo va a votar Pilar Calvo contra sus propios intereses? Ellos son los defensores de los rentistas, igual que lo son el PP, Vox o UPN. Porque cuando tienen que defender la cartera y la clase social, lo hacen y no les importa la estelada o la bandera española”.

Ese 17 de septiembre cayeron todas las caretas. Y se alzó la cruda, definitiva realidad: que ante un situación de emergencia nacional causada por una crisis habitacional sin precedentes, de repente murieron las patrias y emergió la única Patria real: la cuenta bancaria, es decir, la clase social. Y cuando ésta se halló en peligro, PP, Vox y Junts, enemigos irreconciliables, acudieron a defenderla como un solo hombre, arrastrando por el lodo las banderas.

¿Hacen falta más pruebas?

 

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Lamine Yamal y la ultraderechahttps://www.eltriangle.eu/es/2024/08/29/lamine-yamal-y-la-ultraderecha/https://www.eltriangle.eu/es/2024/08/29/lamine-yamal-y-la-ultraderecha/#respondThu, 29 Aug 2024 04:00:16 +0000https://www.eltriangle.eu/es/2024/08/29/lamine-yamal-y-la-ultraderecha/Yo comprendo a la ultraderecha. Puedo entender su rabia, su malestar, su infinito desasosiego cuando la realidad te propina una tremenda bofetada. En este aspecto, el pasado mes de julio fue ejemplar: por una parte, Donald Trump estuvo a punto de morir de un disparo que no impactó en su cabeza por milímetros. Un auténtico ... Leer más

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Yo comprendo a la ultraderecha. Puedo entender su rabia, su malestar, su infinito desasosiego cuando la realidad te propina una tremenda bofetada. En este aspecto, el pasado mes de julio fue ejemplar: por una parte, Donald Trump estuvo a punto de morir de un disparo que no impactó en su cabeza por milímetros. Un auténtico milagro. Quien apretó el gatillo fue un chico muy joven (el 20 de septiembre habría cumplido 21 años) y perfectamente anglosajón llamado Thomas Matthew Crooks. Al contemplar su foto, casi podríamos aventurar que Crooks pertenecía, en la terminología clasista de los high school norteamericanos, a la casta más baja de alumnos, los nerds; es decir, los más inteligentes pero al mismo tiempo los menos agraciados físicamente y con pocas habilidades sociales. Lo que en nuestro propio vocabulario clasista llamaríamos el empollón o el pringao. Lo que no sabía nuestro personaje es que, al disparar contra Trump, estaba invalidando dos preceptos básicos de su ideario: el derecho ilimitado a portar armas (gracias al cual pudo comprar legalmente el rifle del tipo AR-15 con el que intentó matarlo) y la creencia de que los actos de violencia son propios de inmigrantes, a los que Donald Trump califica invariablemente de “asesinos” y “violadores”.

La otra bofetada de realidad resonó, y con qué fuerza, al otro lado del Atlántico, en España. Puedo imaginar a Santiago Abascal y a los suyos retorciéndose de estupor ante el hecho incontestable de que fuera un jugador español llamado Lamine Yamal, que podría pasar perfectamente por un mena -tanto por sus orígenes como por su juventud (16 años en el momento de iniciar la Eurocopa)-, quien con su juego extraordinario llevara a la selección de España a ganar dicha competición. ¿Qué hacer? ¿Cómo despreciar al héroe que consigue un triunfo para la Patria? Y nada menos que un mena, esa figura que constituye el sumidero de todos los odios para un ultraderechista, llámese Abascal o Sílvia Orriols  -y también para muchos otros que no se declaran como tales- y a la que cada día se cubre de mierda (con perdón) en redes sociales, tertulias de bar y lugares de trabajo.

¿Qué pasa por la cabeza de estos individuos -me pregunto- cuando la propia vida desmiente tus principios de forma tan descarnada? Nada, desgraciadamente: el sectarismo y el fanatismo tienen tanta fuerza que pueden imponerse incluso a la realidad más evidente. Pero en este caso, un suceso violento ha venido, además, en auxilio de la ultraderecha: el padre del jugador,  Mounir Nasraoui, ciudadano marroquí de 38 años, fue apuñalado el pasado día 14 de agosto por la noche en un aparcamiento del deprimido barrio de Rocafonda, en Mataró. El barrio donde creció Yamal y que siempre reivindica. Trasladado inmediatamente al Hospital Universitario Germans Trias i Pujol (Can Ruti) de Badalona, fue dado de alta el viernes 16.

Se habló en un principio de un crimen racista, pero al parecer pudo deberse a una pelea con otros marroquíes. Y hablo en condicional porque todavía los hechos no han sido esclarecidos del todo: la cadena de televisión 8tv difundió en la red social X (antiguo Twitter) un video donde se le ve discutiendo con vecinos de su misma nacionalidad. En todo caso, el hecho confirmaba el sesgo racista y no fue desaprovechado. Reproduzco alguno de sus mensajes publicados en el hilo iniciado por 8tv, con evidente náusea pero con el convencimiento de que resulta pedagógico: “I el pare (de Lamine Yamal)  qui d’ells és si tots son iguals?”; “Ho porten als gens”; “Un moro de 35 anys fent coses d’un moro de 35 anys…” ; “Son sus costumbres y hay que respetarlas (?)”; “Con el dinero que gana su hijo y no se va del gueto, es imposible la integración de esta gente, se puede comprar perfectamente una casa en una buena zona pero prefiere el gueto lleno de chusma, porque si se rodea de gente normal se siente fuera de lugar”; “Mataró y toda Barcelona=estercolero multicultural”.

Este tipo de mensajes es un mantra tóxico que cala como lluvia fina. Y como se puede comprobar, los reproduzco en su lengua original para que se vea que están escritos indistintamente en castellano y catalán. Además, los firman tanto personas que podrían ser partidarias de Vox como otras que exhiben la estelada o el lazo amarillo. Definitivamente, la ultraderecha no entiende de banderas.

Conclusión: dura poco la alegría en la casa del pobre. Sobre Lamine Yamal, estrella fulgurante de la Eurocopa 2024, se cierne ahora la alargada sombra de unos “genes equivocados” y de una cultura que “jamás podrá integrarse”. Mientras escribo esta nota, a muchos kilómetros del barrio de Rocafonda,  un niño de 11 años ha sido asesinado en Mocejón (Toledo). El horrible crimen lo cometió un joven encapuchado y  la policía, en principio, no conocía su identidad. Pero las redes ya habían dictado sentencia: tenía que haber sido un marroquí. Y se hacía recaer nuevamente la sospecha sobre los menas, pues al parecer cerca del lugar de los hechos hay un establecimiento hotelero donde se alojan este tipo de menores. Finalmente fue detenido un chaval de 20 años, español, como sospechoso. Pero da igual: que haya sido un español es malo, pero claro, no presupone que todos los jóvenes españoles sean asesinos de niños. En cambio, de haber sido un marroquí, ello sería la prueba irrefutable de la maldad intrínseca de su “raza”. Que la realidad no te estropee un buen prejuicio.

Pienso entonces en el amabilísimo vecino de arriba que acaba de mudarse a mi edificio. Es de Tánger y, sin apenas conocerme, se presentó en casa para ofrecerme una tetera de excelente té de naná (menta). O en los obreros que hace unos meses arreglaron la calle de al lado, doblando la espalda sobre el asfalto. Todos eran marroquíes, excepto el capataz (español). O en los jornaleros (todos extranjeros) que a diario recogen fruta en condiciones miserables en los invernaderos del sureste español. O en Najat El Hachmi, magnífica escritora y articulista, cuyo dominio del castellano sólo es comparable a su autenticidad y ansia reivindicativa.

No soy buenista. Simplemente, como decía Orwell, es preciso defender lo evidente.

 

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Dos hermanas se suicidanhttps://www.eltriangle.eu/es/2024/07/18/dos-hermanas-se-suicidan/https://www.eltriangle.eu/es/2024/07/18/dos-hermanas-se-suicidan/#respondThu, 18 Jul 2024 04:00:26 +0000https://www.eltriangle.eu/es/2024/07/18/dos-hermanas-se-suicidan/El mes de julio se estrenó con la enésima muerte por desahucio. El mismo día 1, dos hermanas residentes en Barcelona acabaron con su vida arrojándose al vacío. Un método expeditivo, que no precisa de ningún otro aditamento o accesorio, y por ello, el más primario, el más cercano a la pura y simple desesperación. ... Leer más

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El mes de julio se estrenó con la enésima muerte por desahucio. El mismo día 1, dos hermanas residentes en Barcelona acabaron con su vida arrojándose al vacío. Un método expeditivo, que no precisa de ningún otro aditamento o accesorio, y por ello, el más primario, el más cercano a la pura y simple desesperación. Las hermanas se lanzaron al patio interior del edificio donde vivían, en la calle Navas de Tolosa, dejando muy claro los motivos de su decisión: se encontró una nota junto al oficio del juzgado que ordenaba el primer intento de lanzamiento por impago de alquiler, que se iba a ejecutar horas más tarde. Tenían, respectivamente, 64 y 54 años.

Susana Alonso

Hay dos formas de leer los hechos. Una es la que ofrece el diario El País en su edición del 2 de julio, y que retrata el caso como el resultado casi inevitable de una serie de fatalidades: Tras la muerte de la madre por covid, en febrero de 2021, las hermanas quedaron solas y por estas fechas comenzó el impago de la renta. Los vecinos, por su parte, las describen como personas aisladas, sobre todo la hermana menor, que apenas salía de la casa. Y fuentes municipales relatan que el juzgado requirió al Ayuntamiento un análisis y un informe de vulnerabilidad, pero no fue posible recabarlos porque, pese a que la unidad municipal que media para evitar los lanzamientos (SIPHO) se presentó varias veces en el domicilio, llegando a dejar incluso varios mensajes, nunca se pudo contactar con nadie. El Consistorio alertó al juzgado de que no se había podido realizar el informe, pese a lo cual la intención era asistir al primer intento de desahucio. Pero la guinda es la observación final con que acaba la noticia: “Los especialistas recuerdan que el suicidio no suele tener un único detonante, sino que es el resultado de factores psicológicos, biológicos y sociales que tienen tratamiento”.

Conclusión: Eran raras. Tuvieron su oportunidad, pero no contestaban al teléfono ni al timbre de casa. El Ayuntamiento hizo lo que pudo. Además, un suicidio puede deberse a muchas causas. En definitiva,  no vaya usted a pensar que el implacable sistema económico en que vivimos -el capitalismo-, basado en la propiedad privada y su uso desaforado; en la codicia que no conoce más ley que el propio beneficio, tiene la menor responsabilidad.

Pero esa responsabilidad existe. Es la otra forma de leer los hechos, la radical, por cuanto va a la raíz del problema. Ningún gobierno mínimamente decente permitiría que, en época de hambruna, alguien acaparara alimentos para luego revenderlos al doble o el triple de precio. Pero los gobiernos sí permiten que un bien esencial como la Vivienda -igual de necesario que el alimento- sea objeto de una especulación brutal, arruinando así multitud de vidas: trabajadores en la isla de Ibiza que deben alquilar un balcón o un sofá para poder dormir. Cuarentones y hasta cincuentones convertidos en eternos peterpanes porque tienen que compartir piso como si fueran becarios Erasmus. Personas que no pueden llevar una vida de pareja ni criar hijos, vecinos expulsados de sus barrios. O unas hermanas barcelonesas que prefieren la muerte al desahucio.

Igual que Segundo, vecino del barrio de Sants quien, tras perder su empleo y todo tipo de prestación social, decidió tirarse por la ventana ante  la comitiva judicial que iba a echarlo, el 14 de junio de 2021. O aquel vecino de Puerto del Rosario (Fuerteventura) que, cuatro días más tarde, se ahorcó en la baranda del sótano donde residía, tras ser desahuciado. No olvidamos, no, sus nombres y el motivo de sus muertes, pese a que a que el Instituto Nacional de Estadística (INE) no proporciona datos desagregados sobre las causas de suicidio, por lo que no existen cifras fiables sobre qué porcentaje de ellos puede atribuirse a los desahucios. Aunque sí hay multitud de estudios que prueban los efectos devastadores de los procesos de lanzamiento en la salud mental y física de las personas.

En la misma edición de El País, podía leerse que durante el primer trimestre de 2024, el precio medio del alquiler en Barcelona había marcado un nuevo récord histórico al alcanzar los 1.193 euros al mes, es decir, 59 euros más que el Salario Mínimo Interprofesional (SMI), fijado en 1.134 euros. Bajo el relato canónico que hoy impera en los medios de comunicación, con sus leyes de Amnistía, sus Begoñas Gómez y sus CGPJ, existe una humanidad doliente que gime (y muere) bajo el yugo de una economía de mercado implacable. La pregunta es sencilla: ¿Algún día vamos a decidirnos a ser radicales?

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Milei y la doctrina del shockhttps://www.eltriangle.eu/es/2024/05/30/milei-y-la-doctrina-del-shock/https://www.eltriangle.eu/es/2024/05/30/milei-y-la-doctrina-del-shock/#respondThu, 30 May 2024 04:00:28 +0000https://www.eltriangle.eu/es/2024/05/30/milei-y-la-doctrina-del-shock/En 2007, la periodista, escritora y activista canadiense Naomi Klein publicó un libro emblemático, considerado por el diario The New York Times como “la biblia del movimiento antiglobalización”: La doctrina del shock.  En él, la autora sostenía que una idea que había sido tradicional en la extrema izquierda, según la cual una situación de máxima ... Leer más

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En 2007, la periodista, escritora y activista canadiense Naomi Klein publicó un libro emblemático, considerado por el diario The New York Times como “la biblia del movimiento antiglobalización”: La doctrina del shock.  En él, la autora sostenía que una idea que había sido tradicional en la extrema izquierda, según la cual una situación de máxima crisis (hiperinflación, crack bursátil, etc.) podía facilitar y acelerar un cambio revolucionario, había sido adoptada en los años setenta precisamente por el bando contrario; en concreto por Milton Friedman, ideólogo del grupo de economistas ultraliberales conocido como Escuela de Chicago.

“Sólo una crisis -real o percibida- da lugar a un cambio verdadero”, proclamaba Friedman en uno de sus ensayos más influyentes. Y a partir de esa crisis, afirmaba, “una nueva administración disfruta de seis a nueves meses para poner en marcha cambios legislativos importantes; si no aprovecha la oportunidad de actuar durante ese período concreto, no volverá a disfrutar de ocasión igual”. A esa estrategia Klein la denominaba doctrina del shock, que, como su nombre indica, consiste en aprovechar la conmoción producida por una crisis de primer orden (golpe de Estado, catástrofe natural, invasión militar, bancarrota económica) para implantar rápidamente medidas económicas profundas que en estado de bonanza serían impensables y cuyo objetivo, básicamente, es desmontar todo lo público a fin de beneficiar a unas élites.

Susana Alonso

Friedman tuvo ocasión de poner en práctica sus ideas en ese inmenso campo de experimentación que fue el Chile de Augusto Pinochet. Nombrado asesor del dictador, éste decretó, siguiendo sus instrucciones, un paquete de medidas rápidas (recorte del gasto social, liberalización y desregulación generales, privatizaciones, etc.), aprovechando que el país se hallaba traumatizado por el golpe militar y una hiperinflación galopante. Fue “la transformación capitalista más extrema que jamás se haya llevado a cabo en ningún lugar”, afirma la autora del libro.

La Argentina que eligió a Javier Milei comparte con el Chile de aquella época la conmoción económica, si bien el caso argentino es endémico, con la hiperinflación como pesadilla recurrente. Sin embargo, se había tocado fondo con el último gobierno kirchnerista: inflación interanual del 142%, reservas del Banco Central prácticamente agotadas y un país endeudado hasta las cejas. Tras conocer su victoria electoral, Milei, en consonancia absoluta con la doctrina del shock, advirtió: “no habrá gradualismo ni tibieza (…) si no avanzamos rápido en los cambios estructurales que Argentina necesita, vamos hacia la peor crisis de la historia”.

En sus primeros cinco meses de gobierno, la economía ha empeorado aún más, pero este cirujano de hierro confía en que el sufrimiento de hoy permita un nuevo florecimiento mañana. El peligro radica, obviamente, en que la nueva medicina acabe matando al enfermo. En todo caso, un artículo publicado el 13 abril en el diario El País, firmado por la periodista y escritora Leila Guerriero, retrata una realidad inquietante: Argentina sufre una epidemia récord de dengue, con 210.000 casos desde principios de año (cuatro veces más que en el mismo período de 2023), que ha provocado ya 160 muertos. “Existe una vacuna. Se aplica en vacunatorios privados. Cuesta 130 euros. El sueldo promedio es de 190”. En estas condiciones, la población se ha lanzado a la desesperada a comprar repelente para mosquitos que, obviamente, se ha agotado. Y como la picaresca hispánica es infinita, enseguida aparecieron por las calles individuos que “vendían” una rociada de repelente por cinco euros. ¿Y el Estado? “No hay campañas de prevención por parte del Gobierno”, denuncia. El ministro de Salud, por su parte, afirmó en una entrevista que “la vacuna no se incluirá en el plan de vacunación, pero que “si tu médico te hace una receta para que te la inocules (…) está más que permitido. Es una decisión personal”. Cinismo inaudito al que la periodista replica con un “no hace falta receta: solo dinero”. Finalmente, concluye con esta reflexión: si la próxima epidemia se produce en los siguientes cuatro años -los que abarca el mandato de Milei- “los habitantes del planeta no saben qué será de ellos (…) pero los argentinos llevaremos ventaja: sabremos que vamos a morir”.

Mientras escribo esta nota, el presidente argentino se encuentra en España. Este hooligan metido a estadista ha llegado a afirmar que “el Estado es una organización criminal”. ¿Alguien puede dudarlo, a la vista del modelo que propone al mundo?

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Volver a Shangri-Lahttps://www.eltriangle.eu/es/2024/04/18/volver-a-shangri-la/https://www.eltriangle.eu/es/2024/04/18/volver-a-shangri-la/#respondThu, 18 Apr 2024 04:00:34 +0000https://www.eltriangle.eu/es/2024/04/18/volver-a-shangri-la/En 1933, el presidente de la República de Weimar, Paul von Hindenburg, nombraba canciller al hombre que siempre había despreciado llamándole “ese cabo austríaco”: Adolf Hitler. Con ello, moría la democracia en Alemania y se abría un sórdido período que conduciría a una guerra mundial, a los campos de exterminio y, como colofón, a la ... Leer más

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En 1933, el presidente de la República de Weimar, Paul von Hindenburg, nombraba canciller al hombre que siempre había despreciado llamándole “ese cabo austríaco”: Adolf Hitler. Con ello, moría la democracia en Alemania y se abría un sórdido período que conduciría a una guerra mundial, a los campos de exterminio y, como colofón, a la detonación del arma más mortífera jamás creada, la bomba atómica.

Aquel año, la penuria económica, el auge del fascismo y el resentimiento alemán por la derrota en la Gran Guerra, conformaban un ambiente tóxico, saturado de odio y polarización. Y en medio de esa atmósfera premonitoria, que auguraba los desastres que luego sobrevinieron, James Hilton publica la que será su obra maestra:  Horizontes Perdidos (“Lost Horizon”). En 1937 Frank Capra rodaría una magnífica versión cinematográfica a la que seguiría, en 1973, un musical dirigido por Charles Jarrott, con una maravillosa banda sonora compuesta por Burt Bacharach, con letras de Hal David. Hoy es una obra menor, descatalogada e inencontrable, pero quien esto escribe quedó literalmente cautivado por ella.

Susana Alonso

La conexión entre ambos hechos  (el convulso mundo de preguerra y la publicación de una novela) no es casual. Porque Horizontes Perdidos relata precisamente la existencia de un lugar idílico, escondido entre las gigantescas montañas del Tíbet, donde reina una armonía y una paz eternas. Es decir, justo lo contrario de lo que era el mundo en 1933. El concepto no es nuevo, pues se halla en el budismo tibetano (si bien con el nombre de Shambala), pero es James Hilton quien lo populariza hasta límites extraordinarios con su libro. Tanto, que hoy forma parte del imaginario occidental: nadie sabe exactamente qué es Shangri-La, y menos aún donde se encuentra, pero todo el mundo ha oído hablar de él y sabe, o intuye, que se trata de un paraíso, un refugio, un santuario. La perfecta utopía.

Recapitulemos: en una India británica envuelta en disturbios y revueltas, cuatro occidentales deben ser evacuados en un avión. Durante el viaje, descubren que el verdadero piloto ha desaparecido y que un impostor los ha secuestrado. La aeronave pone rumbo en sentido contrario, en dirección al Tíbet, y finalmente acaban realizando un aterrizaje forzoso. El piloto muere, pero el grupo es recogido por unos porteadores que lo conducirán a Shangri-La, un monasterio situado en un valle llamado de la Luna Azul. Un lugar que es un verdadero milagro de la naturaleza, pues goza de un microclima cálido y benigno, rodeado por imponentes cumbres que lo protegen de las ventiscas y los hielos eternos.

En ese espacio privilegiado, cerrado e ignoto, la gente vive en paz consigo misma, la juventud se prolonga hasta límites insospechados y las personas viven cientos de años. Una teocracia benigna -que vive dedicada al conocimiento y la sabiduría- rige el pequeño valle, aplicando la moderación como criterio rector de todas las cosas: desde el gobierno hasta las relaciones amorosas, pasando por la propia religión, donde conviven sin mayor problema el cristianismo y el budismo. El drama surgirá cuando nuestros viajeros hayan de decidirse entre volver al mundo que conocían o gozar de una nueva vida, plena de bienestar físico y espiritual; porque, contra lo que pueda pensarse, nadie les retiene, no son prisioneros.

Durante décadas, la novela estuvo tan perdida para el público de habla española como el propio Valle de la Luna Azul. Ha tenido que ser una editorial radicada en Andorra (Trotalibros) quien nos la devuelva, con la colaboración del gobierno de aquel país. Una edición primorosa para una obra de culto, un clásico contemporáneo cuya enorme difusión le debe mucho a haber sido el primer libro de bolsillo publicado a gran escala, por la primera editorial dedicado a este tipo de textos: Pocket Book.

No estamos ante una simple novela de aventuras. Horizontes Perdidos va mucho más allá y mueve a hondas reflexiones sociales, políticas y filosóficas. El presagio de una catástrofe de proporciones planetarias que arrasará la civilización, ante la que Shangri-La se yergue como último refugio; la llamada a vivir con moderación y serenidad, abandonando una vida vacía y frenética; y, en fin, el eterno anhelo humano de hallar la armonía y la paz interior, son algunos de los temas que hallaremos en sus páginas. Y que nos interpelan hoy igual que ayer, aunque sólo sea porque nuestro mundo es actualmente tan convulso y desquiciado como el que vio nacer a esta obra necesaria.

Volvamos a Shangri-La.

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Galicia, víctima colateralhttps://www.eltriangle.eu/es/2024/02/28/galicia-victima-colateral/https://www.eltriangle.eu/es/2024/02/28/galicia-victima-colateral/#respondWed, 28 Feb 2024 05:00:52 +0000https://www.eltriangle.eu/es/2024/02/28/galicia-victima-colateral/El procés fracasó en su principal objetivo, no hay duda, pero ha alcanzado una indudable victoria moral. Porque… ¿qué mayor victoria hay que tener a tu adversario arrodillado, dependiendo enteramente de ti para aprobar cualquier ley, o extorsionado hasta el punto de aceptar amnistías a la medida del amnistiado? Estas y otras humillaciones, inflingidas durante ... Leer más

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El procés fracasó en su principal objetivo, no hay duda, pero ha alcanzado una indudable victoria moral. Porque… ¿qué mayor victoria hay que tener a tu adversario arrodillado, dependiendo enteramente de ti para aprobar cualquier ley, o extorsionado hasta el punto de aceptar amnistías a la medida del amnistiado? Estas y otras humillaciones, inflingidas durante largos años de nacionalismo en Cataluña, han provocado un efecto nefasto: generar, como reacción, un agresivo nacionalismo español. Y no hablo sólo de partidos políticos: hablo de entidades sociales, intelectuales y medios de comunicación, que bajo la crítica o la denuncia de los abusos de ciertos nacionalismos, esconden una fuerte pulsión uniformizadora.

Susana Alonso

Una de las víctimas colaterales de este fenómeno ha sido Galicia. Quien viaje por ella, comprobará que en sus ciudades, por provincianas que sean (pienso ahora en Lugo, de donde procede mi familia), se habla muy mayoritariamente en castellano. Si uno se acerca a sus quioscos, encontrará poquísimas (o ninguna) publicaciones editadas íntegramente en gallego. Sus comerciantes, por otra parte, nada tienen que temer, pues no hay leyes que les obliguen a rotular sus comercios en esta lengua (o sea: que la mayoría está en castellano). Y si sintoniza el canal de televisión autonómico, comprobará que hay anuncios publicitarios en la lengua de Cervantes, conviviendo en paz con los que se difunden en la lengua de Rosalía. Algo impensable en TV3.

¿Pero qué hay del sistema educativo, verdadero campo de batalla de todos los nacionalismos? La educación en Galicia es bilingüe, con igual número de asignaturas en ambos idiomas, algo que ya quisieran para sí los alumnos castellanohablantes de Cataluña, a quienes se niega incluso un miserable 25% de clases en su lengua materna (¡concedido por sentencia judicial!). Pero no se precipiten: Según datos de la Mesa pola Normalización Lingüística (la mayor entidad gallega en defensa del idioma), “en el 90% de las escuelas infantiles la presencia del gallego es minoritaria o no existe”. ¿Ah, que usted desconfía de una asociación que puede estar infectada por el virus nacionalista (gallego)? Pues ahí van los informes del Consejo de Europa, poco sospechoso, en principio, de haberse vendido al oro de los separatistas: “En 2021, el Consejo Europeo volvió a llamar la atención a la Xunta por su política lingüística”, leemos en un artículo publicado en el digital Público, el pasado 14 de febrero. “Ya lo había hecho en 2019, 2016 y 2012, al ser España uno de los casi 50 estados adheridos a la Carta Europea de Lenguas Regionales y Minorizadas. En el último reporte, el Comité de Expertos del acuerdo expresó especial preocupación por el uso del gallego en la enseñanza, señaló que el material didáctico en este idioma es insuficiente y que en los colegios en los que se introdujeron asignaturas en inglés, la oferta de asignaturas en gallego cayó hasta el 33%”.

Pero aún hay más. Según el artículo, “los contenidos audiovisuales en gallego disminuyeron” durante las últimas cuatro mayorías absolutas consecutivas del PP. “En la Televisión de Galicia los programas para niños cayeron de 73 horas a 20 horas semanales”. Todo ello conforma un panorama sombrío donde el relevo generacional, es decir, el futuro de la lengua, está en peligro. Porque si los niños no lo hablan, el gallego, como cualquier otro idioma, desaparecerá. Otro organismo oficial, el Instituto Galego de Estadística (IGE) -no dependiente precisamente del BNG- confirma con sus propias cifras este escenario desolador (ver mi artículo El Gallego, crónica de una muerte anunciada, publicado en este mismo medio).

La realidad parece incontestable, pero ello no desanima a este neo-españolismo: No sólo se la trae al pairo la decadencia del gallego -un idioma al que en principio debería considerar como español y, por tanto, defender y preservar- sino que, en el colmo del cinismo, describe una Galicia dantesca, donde los castellanohablantes viven oprimidos bajo una intolerable dictadura monolingüe. No sólo eso: Meter en el mismo saco a todos los territorios con dos lenguas cooficiales, omitiendo deliberadamente que la situación sociolingüística de Galicia se parece a la de Cataluña como un huevo a una castaña. Crear perversamente un conflicto lingüístico que no existe, pues  la lengua “víctima” no lo es en absoluto y la “victimaria” es la que tiene realmente un conflicto para sobrevivir. Son muestras de cómo se las gasta un nacionalismo que, aún sin ser “periférico”, es tan nacionalismo como el que más.

Parafraseando a Nietzsche: “Quien con monstruos (nacionalistas) lucha, cuide de convertirse a su vez en monstruo”.

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Una aproximación psicológica al odio israelíhttps://www.eltriangle.eu/es/2024/01/24/una-aproximacion-psicologica-al-odio-israeli/https://www.eltriangle.eu/es/2024/01/24/una-aproximacion-psicologica-al-odio-israeli/#respondWed, 24 Jan 2024 05:00:46 +0000https://www.eltriangle.eu/es/2024/01/24/una-aproximacion-psicologica-al-odio-israeli/En 1983, el periodista y escritor escocés Neal Ascherson entrevistó al nazi Klaus Barbie, apodado El Carnicero de Lyon, que torturó hasta la muerte al combatiente de la Resistencia francesa Jean Moulin. Rememorando aquel crimen, Barbie confesaba: “Cuando interrogué a Jean Moulin, tuve la sensación de que él era yo”. El episodio lo refiere Arno ... Leer más

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En 1983, el periodista y escritor escocés Neal Ascherson entrevistó al nazi Klaus Barbie, apodado El Carnicero de Lyon, que torturó hasta la muerte al combatiente de la Resistencia francesa Jean Moulin. Rememorando aquel crimen, Barbie confesaba: “Cuando interrogué a Jean Moulin, tuve la sensación de que él era yo”. El episodio lo refiere Arno Gruen, uno de los psicólogos sociales más prestigiosos de Alemania, en su libro El extraño que llevamos dentro (Arpa & Alfil Editores, 2019), en el que investiga el origen de odio y la violencia en las personas y las sociedades.

Esclavos en el antiguo Egipto; sometidos al Imperio Romano, quien los derrotó y dispersó; recluidos en  guetos infectos; víctimas de pogromos; exterminados de manera industrial por la Alemania nazi. He aquí un resumen sucinto de la historia de los judíos: un pueblo odiado, perseguido, masacrado. Por eso resulta sorprendente la inversión de papeles que está ocurriendo actualmente en Gaza, y desde hace décadas, en Oriente Medio: ¿Cómo es posible que la víctima se haya convertido, a su vez, en victimario? ¿Cómo es posible que quien padeció el Holocausto -y, por tanto, debería ser más comprensivo y empático con el dolor ajeno- inflinja el mismo daño a otro pueblo?

Susana Alonso

Nos encontramos ante un fenómeno que va más allá de una simple guerra: estamos ante una verdadera enfermedad del odio. Un encarnizamiento que sólo contempla -utilizando el término acuñado, paradójicamente, por el verdugo por excelencia de los hebreos, Adolf Hitler– la solución final, es decir, la eliminación física del adversario. No es un odio nuevo, ni privativo de culturas ajenas a la occidental: lo experimentamos en la culta y bien alimentada Europa, no sólo con la Alemania nazi, sino recientemente en la península de los Balcanes. (Inciso: causa pavor comprobar que ni la cultura ni el bienestar económico garantizan que el ser humano no caiga en sus pulsiones más sórdidas e irracionales). En todo caso, un odio de semejante magnitud necesita, por fuerza, de una aproximación psicológica. Y aquí es donde entra en juego el enfoque de Arno Gruen quien, a propósito de las palabras de Klaus Barbie, declara en su libro: “El odio a los demás siempre tiene algo que ver con el odio a uno mismo. Si queremos entender por qué las personas torturamos y humillamos a otras personas, antes tenemos que analizar lo que detestamos en nosotros mismos. Pues el enemigo que creemos ver en otras personas tiene que encontrarse originariamente en nuestro propio interior. Queremos acallar esa parte de nosotros mismos aniquilando a ese otro que nos la recuerda porque se parece a nosotros”.

Por tanto, desde mi ignorancia: ¿no sería posible que cuando Israel detiene, humilla, tortura y mata a palestinos no esté expiando sus propios fantasmas? ¿Es decir, que cuando odia al palestino no esté odiando al mismo tiempo al judío masacrado y perseguido que siempre fue, sea en Roma, Rusia o Auschwitz? ¿No es acaso su adversario el espejo al que no soporta mirarse, porque le devuelve su propio reflejo, el de alguien que no quiere volver a ser, por nada del mundo?

Eso no es todo. En su obra, Gruen aborda un aspecto que también puede ofrecernos una explicación: las luchas fraticidas. Y a este respecto cita una significativa pregunta que se hace el escritor, académico y ex-político canadiense Michael Ignatieff:  ¿Por qué los hermanos se odian con más vehemencia que los desconocidos?  Pregunta a la que sigue esta reflexión: “Cuanto más cercanas son las relaciones entre grupos humanos, más hostiles son, previsiblemente, esos grupos unos con otros. Son los puntos en común lo que hace que las personas luchen entre sí, no las diferencias”. Es poco probable que entre un chino y un noruego se den grandes conflictos. La falta de relaciones de proximidad, las diferencias abismales y evidentes entre ambos (que hacen innecesario que ninguno de ellos necesite “marcar territorio”), anulan, o al menos aminoran de forma ostensible, las posibilidades de litigio. Pero, ¿qué hay de los árabes y los israelíes, pueblos que no sólo han compartido durante largo tiempo un mismo territorio, sino que además mantienen estrechos vínculos de sangre, al descender de un mismo linaje, el del patriarca bíblico Abraham? No nos engañemos: pese a que podamos tener la impresión de que unos y otros se hallan en las antípodas, lo cierto es que sólo aquellos que tienen algo muy profundo y esencial en común pueden odiarse con tal saña y pasión.

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El insoportable chantaje moral israelíhttps://www.eltriangle.eu/es/2023/12/15/el-insoportable-chantaje-moral-israeli/https://www.eltriangle.eu/es/2023/12/15/el-insoportable-chantaje-moral-israeli/#respondFri, 15 Dec 2023 04:55:43 +0000https://www.eltriangle.eu/es/2023/12/15/el-insoportable-chantaje-moral-israeli/Barcelona, 19 de junio de 1987. Miembros de la banda terrorista ETA aparcan un coche cargado con 200 kilos de material explosivo en el estacionamiento del hipermercado Hipercor de la Avenida Meridiana. A las 16:10 horas estalla la bomba, causando una enorme explosión que produce efectos similares a los del napalm. El sádico atentado, claramente ... Leer más

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Barcelona, 19 de junio de 1987. Miembros de la banda terrorista ETA aparcan un coche cargado con 200 kilos de material explosivo en el estacionamiento del hipermercado Hipercor de la Avenida Meridiana. A las 16:10 horas estalla la bomba, causando una enorme explosión que produce efectos similares a los del napalm. El sádico atentado, claramente dirigido a la población civil, dado el lugar de los hechos (un concurrido centro comercial situado en una de las calles más populosas de Barcelona), provoca 21 muertos y 45 heridos, en su mayoría mujeres y niños.

A las 17:30 se reúne en el Palacio de la Moncloa un mini-gabinete de crisis presidido por Felipe González  -al que también asisten los ministros de Defensa e Interior-, para analizar la situación. Tras el encuentro, el presidente del Gobierno declara: “Llevamos demasiado tiempo sufriendo la lacra del terrorismo. Esta es la gota que colma el vaso”. Y acto seguido el Ejecutivo da orden al Ejército para llevar a cabo una operación militar que se denominará Viento Norte, a fin de responder al bárbaro atentado.

Susana Alonso

Las siguientes jornadas son dantescas: el ejército arrasa la provincia,  y los aterrorizados guipuzcoanos, presionados por los bombardeos, intentan huir por mar y por tierra. Pero es inútil: San Sebastián, principal puerto del territorio, es cañoneado de forma inmisericorde por los destructores de la Armada, y en la frontera de Hendaya quienes intentan pasar a Francia son recibidos con fuego de metralleta. Los que se quedan no corren mejor suerte: el Gobierno Central también ha dado orden de cortar todo suministro. Ya no hay luz, ni agua, ni alimentos, ni combustible. Las operaciones y los partos se tienen que atender a la luz de la velas o de los móviles.

Tras el ataque, Felipe González proclama: “Como estado democrático, tenemos derecho a defendernos del terrorismo. Y una ofensiva así era necesaria puesto que la población civil vasca oculta y ampara a ETA”.

¿Les suena la historia? Nada como extrapolar a nuestro propio contexto hechos que percibimos como ajenos y distantes, para que éstos adquieran una nueva dimensión: su verdadera y trágica dimensión. Que ser un estado democrático no confiere derecho a practicar la limpieza étnica, ni siquiera cuando sufre el azote terrorista, es lo justo, lo ético, lo legal. Que el primo de zumosol de Israel, Estados Unidos, junto con su siervo, la Unión Europea, se hayan puesto del lado de quien comete tal atrocidad en Gaza, no es más que el enésimo capítulo de –como diría Borges– la Historia Universal de la Infamia. Una infamia, por cierto, de la que también participa nuestra derecha española, que mientras clama por la igualdad en sus manifestaciones contra la Amnistía (la igualdad jurídica, nunca la social y económica: la plebe debe ocupar el lugar que le corresponde en el mundo),  apoya a un estado que no sólo perpetra una carnicería, sino que además se permite anatemizar a quienes la condenan, señalándolos como antisemitas. ¿Que usted reconoce el derecho del estado de Israel a existir? Bien. ¿Que usted condena el reciente ataque de Hamás? Perfecto. Pero da igual: Si no aprueba mi ofensiva en Gaza es usted un antisemita. Al mismo nivel de Goebbels o Klaus Barbie.

El último estigmatizado por esta insólita fatwa es Pedro Sánchez. Su posición ante el conflicto, basada en un criterio de pura justicia y sentido común, esto es, condenando a Hamás pero afirmando a la vez que “con las imágenes que estamos viendo y con el número creciente de víctimas, sobre todo de niños y niñas que están muriendo, tengo francas dudas de que (Israel) esté cumpliendo con el derecho internacional humanitario”, le ha valido a España el linchamiento de Israel, como ya sucediera antes con el presidente de la ONU, António Guterres. Un linchamiento que engrandece, paradójicamente, a quien no lo merece: un presidente del gobierno al que todos sabemos un cínico profesional, capaz de afirmar a la vez una cosa y su contraria.

La violencia israelí debe cesar, pero también su insoportable chantaje moral, que pesa como una losa sobre las conciencias. Una artimaña que el estado hebreo ejerce tanto desde el papel de eterna víctima (que se nutre perversamente de la memoria infausta del Holocausto) como desde el supremacismo propio de sentirse el pueblo elegido.

El Roto, lúcido y mordaz observador de la realidad, publicó hace tiempo un dibujo en que un judío, tocado con la tradicional kipá, exclamaba ante un muro construido por Israel: “El crédito del Holocausto lo hemos dilapidado en muros y armamento”.

Lo increíble es que parecen ignorarlo. Ya es hora de que se lo hagamos saber.

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Hamás y la ceremonia de la hipocresíahttps://www.eltriangle.eu/es/2023/10/31/hamas-y-la-ceremonia-de-la-hipocresia/https://www.eltriangle.eu/es/2023/10/31/hamas-y-la-ceremonia-de-la-hipocresia/#commentsTue, 31 Oct 2023 05:00:00 +0000https://www.eltriangle.eu/es/2023/10/31/hamas-y-la-ceremonia-de-la-hipocresia/Leo, no sin decepción, las siguientes palabras del escritor Antonio Muñoz Molina, aparecidas en un artículo suyo publicado recientemente en El País (En un paisaje de murallas, 14 de octubre): “(…) una parte considerable de la izquierda internacional, encallada en la fidelidad a sus propios estereotipos y maniqueísmos, tan enfervorizada en la defensa de la ... Leer más

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Leo, no sin decepción, las siguientes palabras del escritor Antonio Muñoz Molina, aparecidas en un artículo suyo publicado recientemente en El País (En un paisaje de murallas, 14 de octubre): “(…) una parte considerable de la izquierda internacional, encallada en la fidelidad a sus propios estereotipos y maniqueísmos, tan enfervorizada en la defensa de la causa palestina que confunde a veces a terroristas sanguinarios con luchadores por la libertad, y siente tanta compasión por las víctimas de las agresiones de Israel que ya no le queda ninguna por las otras víctimas israelíes que no son menos inocentes”. Y añade, a renglón seguido: “la derecha sufre una miopía inversa”, sin más explicaciones.

La observación es injusta, por lo que respecta a la izquierda. Todo gremio, tiempo y lugar tiene sus sectarios, y la izquierda no es una excepción. Pero solamente ésta, de momento, reivindica para el conflicto palestino-israelí el valor de un factor que es capital para un periodista y que debería serlo para toda persona que, parafraseando a Ortega y Gasset, “le interese no tanto juzgar como entender”: el contexto. La derecha (desde Ayuso a Pilar Rahola), la Unión Europea y una parte considerable de la prensa juzgan el salvaje ataque de Hamás como un suceso totalmente aislado, sin pasado, sin conexiones, sin mencionar el tortuoso camino que ha llevado hasta él. Una versión de los hechos, por tanto, ferozmente maniquea, por cuanto nos hurta los matices, los detalles: Sencillamente ha habido una agresión terrorista y el estado de Israel tiene derecho a defenderse. Punto.

Flaco servicio a la comprensión cabal y objetiva de los hechos. Y comprender cabal y objetivamente no significa justificar la violencia, que es la artimaña perversa que los enemigos del contexto suelen emplear para desacreditar a quienes sí lo reivindicamos. Estos días ha aparecido en el digital Público un artículo firmado por el escritor, ensayista y filósofo Santiago Alba Rico, donde afirma: “Me irrita mucho que la hipocresía me dicte, so pena de ostracismo, qué debo condenar y qué no”. Es la misma hipocresía que omite que fue el propio Israel quien facilitó, en los años 80, el crecimiento de Hamás, para no tener que negociar con Yasser Arafat. La que oculta, como denuncia el secretario general de la ONU, Antonio Guterres (hoy literalmente linchado por Israel), que los ataques de Hamás “no ocurren en el vacío” sino que se producen tras “56 años de ocupación asfixiante del pueblo Palestino”. Una ocupación, por cierto, que ha provocado, en palabras de Juan Manuel de Prada, en su magnífico artículo Palestina, publicado en ABC, “una hecatombe silenciosa”, sobre la que “la prensa sistémica calla malignamente”: “Sólo este año” -señala-, antes de que Hamás lanzara este ataque desesperado, el ejército israelí había asesinado a más de 250 palestinos, muchos de ellos niños y mujeres indefensas”. La que calla, en fin, ante el hecho de que, como explica Alba Rico, “los palestinos lo han intentado todo en las últimas décadas, incluso convertirse en las víctimas ideales, entregando más territorio en Oslo, pactando la seguridad interior de la Autoridad Palestina, buscando formas alternativas, pacíficas y hasta pacifistas, de resistencia. Nada ha servido”. Cesiones continuas que siempre han obtenido la misma respuesta: nuevos asentamientos ilegales de colonos judíos fanatizados, nuevas anexiones, nuevos bombardeos y nuevos muros de separación.

Realmente no es la mejor estrategia si quieres llegar a una coexistencia pacífica con tu adversario. Pero es que Israel no desea un entendimiento, sino poner contra las cuerdas al enemigo hasta tal punto que, al final, la pura desesperación al constatar cómo las cesiones no sirven, cómo la legalidad internacional no sirve (¿qué fue de las Resoluciones de la ONU incumplidas por el estado hebreo?), cómo hasta los propios gobiernos árabes no sirven (pues ya están abandonando a su suerte a sus hermanos de fe), lleve a los palestinos a un dilema trágico: o su anulación total como pueblo, o el más abyecto y bárbaro terrorismo.

Pues bien: ha sucedido lo último. Hamás ha entrado en Israel y ha cometido una atroz matanza de civiles. Sin ese molesto obstáculo llamado “contexto”, el estado hebreo queda ahora eximido de toda responsabilidad, de todo escrúpulo moral, con las manos libres para perpetrar en Gaza un verdadero genocidio, que es lo que ya está sucediendo a cuentagotas, a la espera de la hecatombe final. Ya lo ha dicho el propio ministro de Defensa israelí, Yohav Gallant: “no habrá electricidad, no habrá comida, no habrá combustible. Nada entrará y nada saldrá. Estamos luchando contra animales y actuaremos de manera acorde”. Un bloqueo criminal al que seguirá la más absoluta aniquilación militar.

Y ahora, sin hipocresías, contesten a esta pregunta: si lo de Hamás es terrorismo, a lo de Israel… ¿qué nombre le damos?

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Salvador Allende: el otro 11 de septiembrehttps://www.eltriangle.eu/es/2023/09/20/salvador-allende-el-otro-11-de-septiembre/https://www.eltriangle.eu/es/2023/09/20/salvador-allende-el-otro-11-de-septiembre/#respondWed, 20 Sep 2023 04:00:09 +0000https://www.eltriangle.eu/es/2023/09/20/salvador-allende-el-otro-11-de-septiembre/Fue hace cincuenta años, el 11 de septiembre de 1973. El lugar, el palacio presidencial de la Moneda, en Santiago de Chile. Un hombre ya entrado en años, vestido de civil, lleva puesto un llamativo casco de soldado, que no cuadra con su aspecto de intelectual. Rodeado de hombres armados -sus últimos partidarios- otea el ... Leer más

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Fue hace cincuenta años, el 11 de septiembre de 1973. El lugar, el palacio presidencial de la Moneda, en Santiago de Chile. Un hombre ya entrado en años, vestido de civil, lleva puesto un llamativo casco de soldado, que no cuadra con su aspecto de intelectual. Rodeado de hombres armados -sus últimos partidarios- otea el horizonte, mientras en la calle resuenan las explosiones, el tableteo de los disparos, el vuelo rasante de los aviones de la fuerza aérea chilena. Ese hombre se llama Salvador Allende, es presidente de Chile, y en ese preciso instante está siendo asediado, está siendo objeto de un golpe de Estado perpetrado por el Ejército, con la inestimable ayuda de la oligarquía del país y de la Agencia Central de Inteligencia norteamericana (CIA). ¿Su delito? Haber intentado una vía -chilena, pacífica y democrática- al socialismo. No resignarse a ser el patio trasero de ninguna potencia exterior; acometer la nacionalización de la industria del cobre; emprender la estatalización de los sectores clave de la economía y profundizar en la reforma agraria iniciada por su antecesor, Eduardo Frei, es más de lo que están dispuestos a soportar tanto las élites chilenas como el gran hermano del Norte, cuya intervención en el país andino a través de la CIA es constante.

Ese hombre nunca fue capturado vivo por el militar que capitaneó el golpe, Augusto Pinochet,  porque prefirió suicidarse antes. Un gesto anacrónico, igual que la virtud  que lo sustenta: la dignidad. Como Franco y tantos otros, Pinochet dice actuar en nombre del restablecimiento del orden. Y lleva razón: el golpismo siempre busca el orden, la imposición de suorden, al que sacrifica el respeto a la ley, la democracia y las libertades. Pero volvamos a Allende: poco antes de quitarse la vida, dirige un último discurso al país a través de Radio Magallanes. Sus palabras, por tanto, adquieren la categoría de verdadero testamento radiofónico. No sólo se dirige a los Trabajadores de mi Patria, a la modesta mujer de nuestra tierra y a la Juventud, a quienes cita expresamente: habla para la Humanidad entera y para la Posteridad. Allende, que es un muerto, que ya sabe que es un muerto, pronuncia palabras como estas: “Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor. ¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!”.

Son palabras necesarias, porque los tiempos son duros: Cruzando la cordillera de los Andes, una sociedad que se encamina directamente al suicidio colectivo acaba de elegir en Primarias a un loco, Javier Milei, que no duda en afirmar que “la Justicia Social es un aberración” y que propone eliminar, si gana las próximas elecciones generales, los ministerios de Cultura, Salud, Transporte y Ciencia, entre otros, además del organismo argentino dedicado a la investigación, conocido como Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas).

Y de este lado del  Atlántico, quien debería ser la continuadora de la tradición izquierdista que simboliza Salvador Allende, viaja a Waterloo a reírle las gracias a un derechista xenófobo (más concretamente, hispanófobo), imputado y fugado de la justicia. Es curioso, pero Puigdemont enarbola como bandera otro 11 de septiembre, aunque radicalmente distinto: el de 1714. Esta fecha, celebrada como cada año con pompa y boato, da lugar a un aquelarre narcisista y victimista (a la vista del altísimo nivel actual de autogobierno de Cataluña), mientras que el suicidio de un lejano socialista sudamericano, defensor de los más desfavorecidos, es recordado discretamente. Es lógico: ¿Cómo la defensa de la clase obrera, la lucha por la justicia social, la dignidad -es decir, los valores que encarna Salvador Allende- podrían disputar el protagonismo a las sagradas esencias patrias? Y sin embargo, pese a todo, aún me atrevo a repetir estas proféticas frases de su discurso: “Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos”.

Amén.

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España, tragicomedia en tres actoshttps://www.eltriangle.eu/es/2023/08/25/espana-tragicomedia-en-tres-actos/https://www.eltriangle.eu/es/2023/08/25/espana-tragicomedia-en-tres-actos/#respondFri, 25 Aug 2023 20:12:25 +0000https://www.eltriangle.eu/es/2023/08/25/espana-tragicomedia-en-tres-actos/El 30 de septiembre de 2017, miles de catalanes pernoctaron en centros escolares (junto con sus hijos, lo cual resulta inquietante), merced a que sus directores, obedeciendo órdenes, les permitieron el acceso. Al día siguiente, se instalaron en dichos centros multitud de urnas destinadas a realizar un referéndum ilegal e ilegítimo. Y todo ello delante ... Leer más

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El 30 de septiembre de 2017, miles de catalanes pernoctaron en centros escolares (junto con sus hijos, lo cual resulta inquietante), merced a que sus directores, obedeciendo órdenes, les permitieron el acceso. Al día siguiente, se instalaron en dichos centros multitud de urnas destinadas a realizar un referéndum ilegal e ilegítimo. Y todo ello delante de las mismas narices del Estado español -una de las mayores potencias económicas de la Unión Europea-, dotado de todos los poderes propios de un aparato estatal moderno (policía, ejército, servicios de inteligencia, etc.) La pregunta es: ¿Cómo lo consiguieron? ¿Cómo pudieron comprar y transportar las urnas sin que nadie llegara a sospechar lo más mínimo? ¿Cómo pudieron ejecutar semejante obra de logística de manera tan coordinada, eficaz y silenciosa? Aquel 1 de octubre -todos lo vimos-, ese mismo Estado, desbordado por la impotencia que supone haber sido burlado, respondió regalando al separatismo justo lo que andaba buscando: imágenes de pacíficos ciudadanos aporreados al intentar votar, turbios policías confiscando urnas. Aquello no fue ni la sombra de unas votaciones normales, pero qué más daba: resultó ser una obra maestra de la Propaganda, la foto fija que certificaba la “opresión” de España sobre Cataluña ante el mundo, una efemérides más que añadir al largo y legendario martirologio nacionalista.

Poco después, ese mismo Estado dejó escapar al máximo responsable de toda la operación escondido en el maletero de un coche, camino de la frontera francesa. Con el tiempo, ese hombre se instalaría en una ciudad de resonancias históricas (Waterloo) y sería elegido diputado de la UE, desde cuyo Parlamento se dedicaría a fustigar sin descanso a la “metrópoli opresora”.

Hasta aquí, el primer acto de esa tragicomedia llamada España. Una pieza teatral que, como su nombre indica, haría reír si no fuera porque bajo la máscara de la risa late el llanto y la amargura.

El segundo acto se inicia cuando el líder de uno de los dos grandes partidos del país debe buscar y lograr, para ser investido presidente, el apoyo parlamentario de aquellos que, precisamente, idearon y llevaron a cabo el intento de destruir ese mismo país. ¿Qué debió de pasar entonces por la mente de cualquier ciudadano europeo con la cabeza mínimamente amueblada? Una vez investido, el nuevo presidente indultó a los cabecillas de la intentona e incluso llegó a reformar el Código Penal a la carta, a la medida de aquellos sobre los que pesaban graves delitos. Con el paso del tiempo, puede que dichas medidas se revelaran como un ejemplo de realpolitik y lograran apaciguar, al menos temporalmente, ese polvorín llamado Cataluña, un territorio donde el resentimiento es sólo la gasolina que preludia el próximo incendio. ¿Pero qué hay de la humillación íntima, del ridículo mundial de un Estado obligado a mercadear con aquellos que precisamente aspiran a destruirlo?

Hoy, poco después de las últimas elecciones generales, da comienzo la tercera parte de esta ópera bufa. Nuestro hombre de Waterloo, merced a los caprichos de la aritmética parlamentaria, vuelve a tener la llave de la investidura del mismo candidato, gracias a sus siete diputados. Lógicamente, el precio a cobrar ahora debería de ser, por fuerza, mayor. Lo que ocurre es que las nuevas exigencias pueden llevarnos a límites desconocidos, sobre todo teniendo en cuenta el inconmensurable ego de los protagonistas: Puigdemont ha perdido el contacto con la realidad y sigue arengando a una república imaginaria desde su exilio belga, convencido de ser el último independentista puro y genuino. Y Sánchez, tal como afirmó una vez el escritor Arturo Pérez-Reverte, es un killer; es decir, un digno representante de El Príncipe ideado por Maquiavelo: un ser amoral, entregado exclusivamente a su única pasión, que es mantenerse en el Poder. La confluencia de semejantes egos es, sencillamente, inquietante: ¿Hasta dónde llevará sus demandas Puigdemont, ebrio de sensación de poder a causa de la posición que le confiere la nueva aritmética parlamentaria? Y sobre todo: ¿Hasta dónde está dispuesto a llevar su amoralidad el príncipe Pedro Sánchez con tal de  ser investido presidente?

Nadie lo sabe. De momento, los agoreros del fin de España ya han certificado el principio de éste con la autorización del uso del Gallego, el Catalán y el Euskera en el ámbito del Congreso. Una medida ya en vigor en el Senado desde 2010 y que, lejos de “romper” España, la hará más inclusiva, al reflejar la diversidad y la pluralidad del país. La cuestión, sin embargo, no es sólo, “porqué podrán usarse allí esas lenguas a partir de ahora, sino por qué hasta ahora no se podían usar”, como señala Javier Cercas en su artículo A favor del catalán en el Congreso (y en todas partes) (El País, 20 de agosto); sinopor qué el Estado no implantó esta medida de oficio hace tiempo y no porla conveniencia electoral de Pedro Sánchez y a instancias de un nacionalismo sin autoridad moral, pues oprime a los alumnos castellanohablantes de Cataluña al negarles el elemental derecho a aprender en su lengua materna.

Pero esta primera exigencia es sólo un aperitivo al lado de las otras dos, que nos sitúan en terrenos pantanosos y nunca antes explorados: En el momento en que escribo esta nota, Junts ya ha hecho saber que quiere una Ley de Amnistía (lo cual significa aceptar, de facto, que hay presos políticos en España); que la quiere registrada y admitida por el Congreso antes de la investidura y que incluya, además -advierte la dirigente neoconvergente Míriam Nogueras-, a Laura Borràs, cuya condena nada tiene que ver con el Procés y mucho con la corrupción de un cargo público. Pero la clave de bóveda será, sin duda, un referéndum de autodeterminación para Cataluña. Una consulta de improbable, endiablado encaje en la Constitución y que pondría a prueba todas las costuras del Estado.

Este tercer acto tiene un final abierto, lo que sin duda lo hace más angustioso. Sólo cabe preguntarnos: ¿será el último?

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El debate lo perdimos todoshttps://www.eltriangle.eu/es/2023/07/20/el-debate-lo-perdimos-todos/https://www.eltriangle.eu/es/2023/07/20/el-debate-lo-perdimos-todos/#respondThu, 20 Jul 2023 07:25:15 +0000https://www.eltriangle.eu/es/2023/07/20/el-debate-lo-perdimos-todos/Los cronistas, tertulianos y expertos en demoscopia ya han dado su dictamen: el debate electoral del pasado 10 de julio lo ganó Alberto Núñez Feijóo. Y razón no les falta: Sánchez, que teóricamente partía de una posición de ventaja -la que otorga el poder, el cual siempre proporciona seguridad- mostró, sin embargo, la ansiedad propia ... Leer más

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Los cronistas, tertulianos y expertos en demoscopia ya han dado su dictamen: el debate electoral del pasado 10 de julio lo ganó Alberto Núñez Feijóo. Y razón no les falta: Sánchez, que teóricamente partía de una posición de ventaja -la que otorga el poder, el cual siempre proporciona seguridad- mostró, sin embargo, la ansiedad propia del novato: ladraba desquiciado frente a un rival que aguantó sus embestidas y dejó en evidencia su nerviosismo. Todos sabemos que un debate no lo gana quien dice la verdad (si es que ello es posible en política) o quien hace mejores propuestas, sino quien logra dominar el lenguaje no verbal en un medio concreto como es la televisión. A este respecto suele citarse como referencia el debate Nixon-Kennedy de 1960, el primero televisado en Estados Unidos. La web de Radiotelevisión Española (www.rtve.es) se refiere a la actuación del candidato demócrata en estos términos: “su piel bronceada, su traje perfectamente escogido y su telegenia le hicieron vencedor”.

El 10 de julio, sin embargo, el guapo inmaculado era Pedro Sánchez. Sabemos por la Ciencia que los humanos estamos genéticamente programados para ser más benevolentes con la gente bella. Así, el diario La Vanguardia publicaba en 2011 la siguiente noticia: “Según un estudio de la Universidad de Cornell, los acusados poco atractivos tienen un 22 % más de probabilidades de ser condenados que los guapos, según informa la cadena CBS. El poco atractivo también condiciona las sentencias, que son 22 meses más largas”. Al presidente se le ha criticado duramente por sus incontables mentiras políticas, es cierto, pero la cosa hubiera sido mucho peor de haber sido feo. No estaría de más realizar un nuevo estudio, centrado en el presidente, que permitiera desvelar hasta qué punto su belleza física le ha salvado de haber sido criticado de manera aún más feroz. ¿Rubalcaba, de haber practicado el mismo nivel de falsedad, hubiera sido juzgado de la misma forma? Seguro que no.

Y sin embargo Sánchez, pese a la formidable seguridad que proporciona tener poder y un físico privilegiado, perdió los papeles, y de paso, el debate. Un fracaso que supone el fin de un mito, el del eterno resiliente: el héroe que, aún derrotado, es capaz de levantarse y, echándose a las carreteras de España, reconquistar el poder en el Partido para luego conquistar el poder, a secas. ¿Qué fue de él? ¿Realmente existió o solamente fue un bluff fabricado por los gabinetes de Imagen y Asesoramiento, en concreto por Iván Redondo?

De todas maneras, que no les engañen: que uno de los candidatos mantuviese mejor la compostura  frente a otro, convertido en la viva imagen de la ansiedad, no debe hacernos perder la perspectiva: ante nosotros se desplegaron dos auténticos trileros, dos vendedores de humo. Desde este punto de vista, el debate realmente lo perdimos todos. Sánchez perdió las formas, efectivamente, pero Feijóo utilizó una técnica denominada Gish Gallop, consistente en lanzar un gran número de mentiras en un breve lapso de tiempo, lo cual hace imposible refutarlas todas. Y dio un golpe de efecto al ofrecer un pacto-trampa, según el cual ambos se abstendrían en la investidura en caso de que el otro ganase sin una mayoría suficiente (¡qué fácil es ofrecer pactos así cuando uno va primero en todas las encuestas!). Finalmente, un detalle sangrante: evitó condenar a Vox por haberse desmarcado del homenaje a una víctima de la violencia de género. Mal augurio para un partido que ha explotado hasta la saciedad la execrable connivencia parlamentaria del PSOE con Bildu (ejemplificada en el miserable grito ¡Que te vote Txapote!), pero que ahora se apresta a ejercer su propia connivencia execrable con otro partido que, parafraseando a Sánchez, podrá ser constitucional, pero nunca constitucionalista: Vox.

Pero es que este debate cerrado a dos nos retrotrajo a una España del pasado, donde regía el bipartidismo, un sistema ya caduco donde todo era seguro y previsible, blanco o negro. Y aquí también perdió la ciudadanía, porque esa España sencillamente ya no existe. Se nos hurtó, por tanto, la posibilidad de un debate que reflejara el país real, el de los resultados electorales insuficientes que hacen necesario el pacto, la coalición, el diálogo. Un debate, en definitiva, donde pudieran participar más de dos opciones. Y aunque tres días después RTVE organizó un “Debate a 7”, ya nada era igual, puesto que quienes intervenían eran los portavoces de los grupos parlamentarios, no los líderes. Es decir, un debate menor. Mientras escribo esta crónica, Televisión Española acaba de anunciar para el 19 de julio otro debate descafeinado: acudirán Abascal, Yolanda Díaz y Pedro Sánchez, pero no Feijóo.

Con estos debates, todos hemos perdido.  ¿Se merece esto una democracia viva y deliberativa?

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El fenómeno okupa (1): La “Operación Bonanova”https://www.eltriangle.eu/es/2023/06/22/el-fenomeno-okupa-1-la-operacion-bonanova/https://www.eltriangle.eu/es/2023/06/22/el-fenomeno-okupa-1-la-operacion-bonanova/#respondThu, 22 Jun 2023 04:05:55 +0000https://www.eltriangle.eu/es/2023/06/22/el-fenomeno-okupa-1-la-operacion-bonanova/Hasta hace dos días, nadie en Barcelona sabía qué demonios significaban El Kubo y La Ruïna. Tampoco nadie podía sospechar que La Bonanova fuera otra cosa que un remanso de paz, como corresponde a uno de los barrios de la ciudad que más riqueza atesora por metro cuadrado. ¿Qué clase de conflictividad social podría haber ... Leer más

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Hasta hace dos días, nadie en Barcelona sabía qué demonios significaban El Kubo y La Ruïna. Tampoco nadie podía sospechar que La Bonanova fuera otra cosa que un remanso de paz, como corresponde a uno de los barrios de la ciudad que más riqueza atesora por metro cuadrado. ¿Qué clase de conflictividad social podría haber allí -se pregunta el barcelonés medio- si el patrimonio de sus vecinos les hace inmunes a la crisis, al paro, a la pobreza, a la falta de vivienda?

Sin embargo, poco antes de las últimas elecciones municipales, se produjo, de la noche a la mañana, un verdadero tsunami: los medios de comunicación -al unísono, como movidos por un resorte común- anuncian a toda plana que El Kubo y La Ruïna son inmuebles pertenecientes al llamado Banco Malo -una entidad bancaria estatal, también conocida por sus siglas: SAREB-, okupados desde hace años y cuyos habitantes están acosando a los vecinos disparándoles balines e incluso amenazándoles con hachas. Simultáneamente aparecen por el barrio hasta tres partidos concurrentes a las elecciones -Ciutadans, Valents y Vox-, arengando a los vecinos contra los usurpadores. Y en el paroxismo, Desokupa, una empresa dedicada a expulsar, por encargo, a este tipo de personas -empresa a la que se atribuye una ideología cercana a la extrema derecha y cuyos métodos presuntamente bordean la legalidad- surge también de la nada, prometiendo vaciar los inmuebles.

Ante estos hechos, cabe hacerse algunas preguntas, de puro sentido común: Si El Kubo y La Ruïna llevaban tanto tiempo okupados por gente violenta… ¿cómo es que no supimos nada hasta ahora? ¿Acaso los vecinos se limitaron a sufrir en silencio agresiones físicas durante todos estos años? ¿O por el contrario tales agresiones se produjeron recientemente? En todo caso: ¿por qué estalla todo a las puertas de unas elecciones?  Más aún: ¿Cómo es que aterrizan en el barrio nada menos que tres partidos políticos y una empresa de desalojos? ¿Y por qué el administrador de ésta, Dani Esteve, lejos de cumplir su promesa de expulsar a los intrusos con discreción y prudencia -es decir, con profesionalidad, como correspondería a un empresario-, se erige a través de las redes sociales en una especie de caudillo mesiánico que promete justicia a los vecinos, convoca una manifestación a dos días de las votaciones y fustiga sin cesar a Ada Colau? ¿Es decir: por qué hace política?

Demasiadas casualidades. Pero como no soy vecino de La Bonanova ni dispongo de medios  para saber realmente lo que ocurrió, decidí recurrir a José María López Ciré, presidente de la Asociación Vecinal de Sant Gervasi de Cassoles-La Bonanova desde hace cuatro años y miembro de su Junta desde 2015. Un persona, por tanto, que algo debe de saber del tema. Y sobre todo: a quien menos le conviene mentir sobre este asunto, so pena de encontrarse al día siguiente con la recriminación de sus propios convecinos.

“Uno de los inmuebles lleva okupado desde hace nueve años y el otro seis, pero no podría precisar cuál fue el primero”, explica por teléfono. Y a la pregunta -obvia- de por qué, si las fincas llevaban okupadas hace años, se hace público el hostigamiento a los vecinos justo antes de unas elecciones municipales, mediante una campaña mediática y política, responde: “Ha sido política pura para conseguir cuatro votos”.  “Algunos periódicos” -confiesa- “lo que querían era un titular diciendo ‘han atacado a los vecinos’, cosa que no es cierta, porque en nueve años nunca se han producido agresiones físicas por parte de los okupas. Nuestra asociación de vecinos no ha recibido ninguna queja en este sentido”. Y añade que “más de un medio ha intentado que yo admitiera que había habido violencia. Y algún otro me ha recordado la ‘intranquilidad del barrio’, cuando el barrio siempre ha estado muy tranquilo”. Otra cosa es el incivismo: “Ahora bien, hay vecinos que se quejan, y con razón, de que hacen ruido cuando organizan fiestas. Y además arrojan basura a las calles”. Y como lo cortés no quita lo valiente, afirma: “Claro que queremos que se vayan los okupas. Porque nuestro deseo es que El Kubo y La Ruïna se destinen a equipamientos”. Finalmente, sentencia: “a mí me han entrevistado doce medios de comunicación entre televisiones, periódicos y radios. Y siempre he dicho: ‘ya verás como cuando pasen las elecciones, se acabó todo’.

Asusta comprobar el grado en que nos manipulan: como puede verse, todo apunta a un montaje político-mediático -aunque pueda haber algún elemento verídico- a fin de obtener un rédito electoral. En todo caso, una cosa está clara: Ciutadans, Valents y Vox jamás se hubieran personado en un barrio como Ciudad Meridiana, trágicamente conocido como “Villa Desahucio” por el número de lanzamientos allí ejecutados. Por algo será.

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