De la última asamblea del Barça, más telemática y oscura que nunca, apenas se ha comentado, y mucho menos se ha explicado a los socios, las consecuencias de haber desligado de los estados financieros del FC Barcelona el fondo de titulización Espai Barça. Un movimiento que, básicamente, responde a la voluntad de la junta de Joan Laporta de petrolear el balance de tal forma que no refleje, ni en el pasado ni en el presente ni tampoco en el futuro, el impacto terrible de un préstamo de 1.500 millones que, con sus intereses incluidos, ascenderá a los 3.000 millones, susceptibles de aumentar si se da el caso, bastante probable, de algún tipo de renegociación antes de su vencimiento definitivo en 2050. Por ahora, el Barça pagará casi 700 millones solo de intereses antes de que en 2032 abone la primera cuota de devolución del capital.
Como se sabe, Espai Barça, Fondo de Titulización es un instrumento de financiación, un supercrédito negociado por Goldman Sachs con una veintena de inversores que, desde luego, se han asegurado de que recuperarán con creces el adelanto del dinero (1.500 millones) con un rédito de 1.500 millones. Un negocio redondo.
En el cierre del ejercicio 2024-25, el auditor, Crowe, ha creído conveniente, estimando las respuestas y valoraciones de la directiva, que «la documentación relativa al fondo de titulización no debe formar parte de los estados financieros consolidados (ni en este cierre contable ni en los anteriores desde su constitución)». Principalmente, desaparecen del balance la correcta estimación de la deuda, la cuantificación de los intereses y la probabilidad de incumplimiento de los covenants.
Por ejemplo, a 30 de junio pasado, el Barça mantenía una deuda a largo plazo con el fondo de titulización por importe de 891 millones (974 millones de costes acumulados) y 16 millones de intereses a pagar a corto, con independencia de los casi 100 millones de intereses que se deben hacer efectivos entre diciembre de 2025 y 2026.
El borrado de esa gran operación crediticia afectará a los años venideros, reflejándose únicamente en el balance del FC Barcelona su impacto en la cuenta de los resultados financieros. Más misterios y confusión. Crowe ha «reexpresado los saldos» en las cuentas, lo que ha significado, de momento, una disminución del activo y pasivo azulgrana de 628,9 millones a 30 de junio de 2024.
A efectos patrimoniales, la maniobra de desconsolidación implica que el club no responde con la totalidad de sus activos presentes (ni el propio estadio, ni sus inmuebles, ni sus derechos deportivos, etc.) ante los acreedores del fondo de titulización. El fondo se nutre contractualmente de los derechos de cobro cedidos a futuro (taquilla, museo, hospitality, tours, palcos VIP, etc.), y solo estos flujos respaldan la deuda. Si dichos ingresos no bastan, el club no tiene la obligación de responder con otros bienes. Eso significa una protección del patrimonio tradicional del FC Barcelona frente a impagos futuros, una interpretación positiva si no fuera porque, a cambio, supone hipotecar gran parte de sus rentas potenciales futuras para el pago de la de la devolución del préstamo.
Financieramente, desligar el fondo del balance implica reducir el nivel de deuda aparente del club, pues los 1.500 millones comprometidos para las obras no figuran como deuda ordinaria, sino que quedan exentos de los indicadores de apalancamiento tradicionales del club. Esto puede mejorar ratios ante auditores, UEFA, LaLiga, proveedores y entidades de crédito, al menos en lo formal, aunque a efectos reales el compromiso sigue existiendo y la posibilidad de refinanciar a futuro dependerá de la capacidad del Espai Barça para generar rendimientos superiores a los intereses pactados. Estos intereses son elevados, y todavía más después de la refinanciación acordada el mes de junio pasado con Goldman Sachs para posponer hasta 2032 la primera cuota, de más de 400 millones, prevista inicialmente para 2028.
Desde la perspectiva económica supone que, mientras se obtiene liquidez inmediata para construir el estadio sin empeñar los activos sociales actuales, buena parte de los beneficios generados por la explotación del Spotify reformado en las próximas décadas no serán para el club, sino que servirán prioritariamente para devolver capital e intereses a los inversores y bonistas del fondo. Este diseño permite que el club mantenga su modelo asociativo y evite el riesgo de quiebra técnica por no poder pagar, pero a cambio compromete la autonomía económica, ya que durante años gran parte de los ingresos extraordinarios del Espai Barça estarán comprometidos y no podrán destinarse libremente a reforzar el resto de la actividad deportiva (fichajes del primer equipo) o social, que es precisamente lo que Laporta dejó muy claro que no iba a suceder.
Ya es sabido, por otro lado, que Goldman Sachs ha decidido congelar hasta nueva orden los ingresos de explotación del estadio de esta temporada, más allá de los 75 millones que ya se quedará, como mínimo, a partir de la reapertura del Spotify para garantizar la amortización del préstamo, de momento en forma de interés correspondientes al aplazamiento del principal hasta dentro de siete años.

