Laporta no puede volver a la ECA si antes no paga la multa de 300 millones

Aunque haya escenificado un reencuentro feliz con Al-Khelaïfi (PSG), el presidente azulgrana sigue atado a la Superliga, donde ya sólo queda el Real Madrid, a la espera de que el proyecto decaiga por falta de apoyos y así liberarse del yugo de Florentino

Joan Laporta con Aleksander Ceferin y Nasser Al Khelaifi

A lo largo de los últimos meses, Laporta se ha jactado de jugar a dos bandas en el contexto de las relaciones entre la UEFA y A22, la sociedad impulsora de esa Superliga que, prácticamente, nació muerta por culpa de la mala cabeza de Florentino, culpable también de que le siga llegando un hálito de vida con la peculiar e inextricable complicidad de Joan Laporta.

En la UEFA, Laporta le ha ido regalando los oídos a su presidente, Aleksander Ceferin, con la promesa de que el Barça volverá a la ECA (y a la UEFA) lo antes posible, encantado con el nuevo formato de Champions y en apariencia dejando plantado a Florentino Pérez. Por el contrario, en la sede de A22, pues la sociedad creada para su promoción no puede siquiera utilizar el término Superliga, Laporta explica otro cuento, asegura tener engañada a la UEFA y a su presidente -también a la ECA- y que les ha convencido de actualizar y cambiar, a partir de 2027, la estructura de la Copa de Europa por una nueva versión con dos grupos de 18 equipos, la ‘Superchampions’ en función del coeficiente UEFA y retransmisiones en streaming gratis.

Esta semana, culminando otra de sus teatrales actuaciones, Laporta ha acaparado el protagonismo de la reunión de la ECA del miércoles donde su posible reingreso al redil de Ceferin y de la ECA donde manda el presidente del PSG, Nasser Al-Khelaïfi, ha sido celebrado como el final de la batalla entre UEFA y A22 por la Superliga.

La intención era aparentar que el fútbol europeo se ha rendido a las habilidades negociadoras y el liderazgo de Laporta a la hora de pacificarlo y de mejorar la actual Champions con la incorporación de esa estratificación elitista que sigue siendo la razón de ser del invento de Florentino. Colateralmente, a Laporta se le atribuye, por parte de la prensa catalana, la valentía de de haber dejado tirado, solo y marginado al presidente del Real Madrid.

La realidad, como siempre, es muy distinta. La Champions la seguirá gobernando y formateando la UEFA, que no tiene la menor intención de cambiar nada del actual formato ni pasarse al streaming, como ha apuntado revolucionariamente A22 en una filtración a Mundo Deportivo hace apenas unos días con la calculada intención de provocar debates, tertulias y, sobre todo, colgarle la medalla a Laporta por haber ablandado a Ceferin.

Nada más alejado de un escenario en el que la UEFA tiene al Barça sometido a su completa voluntad, amenazado de cobrarle los 45 millones de la multa por violar la normativa del fair play y a la espera de una sentencia del caso Negreira por si hay que echarlo una o dos temporadas.

Laporta dejó ayer muy claro, sobre su servilismo Florentino, que «quienes deben saberlo ya lo saben», una afirmación que, en ningún caso, como ha interpretado erróneamente la prensa, confirma su intención de reintegrar al Barça a la ECA y bajo el ala de la UEFA, sino de recuperar esa relación siempre y cuando la UEFA acepte la propuesta de A22 sobre una reforma de la Champions al dictado de los intereses de Florentino.

De lo contrario, el Barça seguirá atado al proyecto imposible del presidente del Real Madrid porque abandonar ese ridículo lobby de dos clubs, Barça y Real Madrid, le costaría abonar una indemnización de 300 millones y perder unos 4 millones más entre el valor de sus acciones en Super League Company S.L. y el préstamo aportado para su arranque y puesta en marcha.

El resto de los clubs -Atlético de Madrid, Manchester City, Manchester United, Arsenal, Chelsea, Liverpool, Tottenham, Inter de Milan, Milan y Juventus- ya salieron hace meses cuando era posible desligarse del núcleo original sin penalización. No hay nadie más, aparte de Florentino y Laporta, detrás de todo ese ruido sobre la ‘Superchampions’ que sólo se escucha en Barcelona y en Madrid. Ni se habla del asunto en las sedes de la ECA ni de la UEFA ni tampoco en Inglaterra, Francia o Alemania. Nada.

Según los analistas de Madrid, esta maniobra de Laporta de confraternización con el enemigo responde a su estrategia de seguir igualmente en tierra de nadie, dando bandazos, a la espera de que la idea de la Superliga, cada vez más lejana y sin apoyos conocidos en el fútbol europeo, decaiga por sí sola y pueda librarse de esa multa que, por ahora, Florentino no le perdona.

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